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Un ejemplo sencillito

Agradezco a ANEP, especialmente a su presidente, Ing. Jorge Daboub el defender a capa y espada el ahorro de nuestros trabajadores

Generalmente, el empleado conoce solamente su sueldo neto, ignorando cuánto se descuenta por cuotas de ISSS, AFP y otros compromisos que haya contraído, como créditos bancarios, FSV, cuotas alimenticias a la PGR, etc. Y, por supuesto, desconoce cuánto paga el empleador, de su propio bolsillo, por cuenta de cada empleado.

Un empleado que solamente tiene las deducciones ordinarias, para estar cubierto (teóricamente) en su salud o incapacidad, tiene un descuento del 3 % de su salario nominal y el empleador paga, de su bolsillo, el 7.5 %, cuando tiene menos de 10 empleados; si tiene más, paga un 1 % adicional para el INSAFORP.

En cuanto a las AFP: el empleado ahorra, para sí mismo, descontándoselo de su salario nominal, el 6.25 %, que se deposita en una cuenta a su nombre; el empleador aporta, de su bolsillo, a la cuenta de ese empleado, el 4.55 %; además, entrega a la AFP un 2.2 % para pagarle a ésta el 1.181 % como comisión, y el 1.019 % para un seguro que cubre los ahorros del empleado en caso de fallecimiento o incapacidad permanente.

El salario base para la aplicación de descuentos varía y tiene un máximo, pero para un ejemplo sencillo tomemos $100 como hipotético salario nominal. El empleado pagaría al ISSS $3 y a las AFP $6.25, por lo que su salario neto sería $90.75. Es decir, este empleado, mensualmente, destina $9.25 para estar cubierto en su salud y contar con una pensión para su vejez.

¿Y qué del empleador? Por ese mismo empleado, paga al ISSS $7.50, al INSAFORP $1 y a las AFP $4.55, que se deposita en la cuenta de ese empleado. Además, $1.181 como comisión de la AFP y $1.019 para que los ahorros de ese empleado estén asegurados.

Resumiendo: por cada $100, cada mes el empleado “gasta” $3 en salud, obligatoriamente. Su cuenta de ahorro – a su nombre, de su propiedad exclusiva - recibe $10.80. Mientras, el empleador aporta, para salud, capacitación, pensión y gastos administrativos de esa pensión, la cantidad de $15.25. Y, ojo: POR CADA UNO DE SUS EMPLEADOS. ¡Vuele pita!

Además, el empleador gasta tiempo y recursos en la administración de estos aportes y deducciones, para que SUS EMPLEADOS puedan cuidar su salud y tener una pensión digna para su retiro. No, no lo paga para dilapidarlo en una populista pensión universal.

 Pregunto: si el gobierno expropia las pensiones, el 4.55 % que paga el empleador no ingresará a la cuenta individual de su empleado; entonces, ¿debería seguirse pagando? ¿Sería un nuevo impuesto, deducible como tal? Y ¿qué con el 2.2%? ¿Regalarlo a este gobierno, comprobadamente incapaz y despilfarrador? ¡Por favor!

Agradezco a ANEP, especialmente a su presidente, Ing. Jorge Daboub (quien nunca ha estado en la clandestinidad) el defender a capa y espada el ahorro de nuestros trabajadores. Y lamento que haya sido injuriado al ser llamado “escopetero y terrorista mediático” por Salvador Sánchez Cerén, quien es el menos indicado para semejantes exabruptos, tanto por su actual investidura como Presidente de la República, como por su pasado que todos conocemos.

Lamentable también la descomunal mentira que Lorena Peña, presidenta de la Asamblea Legislativa, ha difundido profusamente: que las AFP se “embolsan” el 20 % de los ahorros de los trabajadores, cuando es el empleador quien les paga el 2.2 %, distribuido como ya se explicó arriba.

 ¡Qué vergüenza de funcionarios!

*Columnista de El Diario de Hoy.