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El "efecto Francisco"

odavía hay algunos católicos que se inquietan con lo que dice el papa Francisco. Creo que son los menos y además varios de ellos se inquietan por creerse las manipulaciones que hacen con las palabras del Papa los sempiternos enemigos de la Iglesia Católica. No deberían preocuparse por esas falsas interpretaciones de sus palabras; también lo hicieron con Benedicto XVI y con Juan Pablo II. Pero si Jesucristo dijo que "por los frutos los conoceréis", los frutos del papa Francisco son grandes y están a la vista. Un estudio muy riguroso del sociólogo italiano Massimo Introvigne muestra que el impacto popular del Papa no disminuye sino que aumenta y se consolida. Introvigne lo llama efecto Bergoglio, lo cual no me parece correcto ya que el impacto actual es porque aquel obispo Bergoglio es, ahora, nada menos que el Papa.

Lo cierto es que, según muchos datos, miles de personas se han vuelto a acercar a la Iglesia gracias a las palabras y al testimonio de Francisco. El cardenal Giuseppe Bettori, arzobispo de Florencia, corrobora los datos del sociólogo: «Es esa novedad que la gente, toda la gente, intuyó de inmediato y que nos está ayudando mucho, sobre todo en la relación con los llamados "lejanos": ¡cuántos han vuelto a la vida sacramental, incluso tras décadas!». Y el obispo auxiliar de L'Aquila, Giovanni D'Ercole, dice: «Francisco abre brecha sobre todo entre los que se habían alejado de la vida cristiana, que están llenos de entusiasmo. Aumentan las confesiones y la presencia en la Misa». Son muchos, muchísimos los testimonios de sacerdotes y religiosos que comentan con asombro y gratitud lo que está sucediendo.

Pero no es sólo en Italia, en Nueva York, el cardenal Timothy Dolan, con un humor muy norteamericano, escribe en su blog: «Si hubiera recibido un dólar por cada neoyorquino que me ha dicho cuánto ama al actual Santo Padre, ¡habría pagado la cuenta de la restauración de la catedral de San Patricio!».

¿Qué es lo que más impacta de este Papa? Su humildad. La sencillez y profundidad de sus homilías. La atención a la gente corriente y el subrayar que Dios es siempre misericordioso y cercano. Creo que son especialmente importante ideas suyas como las que ahora escribo: «Dios está en la vida de cada persona, Dios está en la vida de cada uno. Aunque la vida de una persona haya sido un desastre, aunque esté deshecha por los vicios, por la droga o cualquier otra cosa, Dios está en su vida. Podemos y debemos buscarlo en cada vida humana. Aunque la vida de una persona sea un terreno lleno de espinas y de yerbas, siempre hay un espacio en el que la buena semilla puede crecer. Hay que confiar en Dios». También su sentido de cómo ve a la Iglesia, con sabor de primitiva cristiandad: «¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia siempre tienen que ser misericordiosos, encargarse de las personas, acompañarlas como el buen samaritano que lava, limpia, alivia a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir vienen después. La primera reforma tiene que ser la de la actitud. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de calentar los corazones de las personas, de adentrarse en la noche, en la oscuridad, sin perderse. El pueblo de Dios quiere pastores y no funcionarios o clérigos de Estado».

¿Y qué ve la gente? Que esas palabras del papa Francisco se confirman con sus obras, con la capacidad para "perder el tiempo" rodeado de una inmensa multitud, consolando a una niñita enferma y pedir a todos oraciones por ella o atendiendo, en la plaza de San Pedro, durante más de dos horas y sin ninguna prisa, a cientos de enfermos y de discapacitados.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com