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EE.UU. se hispaniza... por un tiempo

Ya no son los negros. Los cómputos de un censo norteamericano revelan que la primera minoría de Estados Unidos es lo que allí llaman "los hispanos". La diferencia entre uno y otro grupo es sustancial. Los negros, supuestamente, constituyen una "raza". Se supone que los unifican ciertos rasgos superficiales: color de la piel, características del cabello, grosor de los labios, acumulación de grasa en los glúteos: la notable esteatopigia tan presente entre las mamboletas de Tropicana. Los hispanos, en cambio, son una vasta y multiforme etnia integrada por descendientes de gallegos e italianos, o de mayas, aztecas y africanos, entre mil combinaciones posibles. Mi amigo judío de origen sefardita --por ejemplo-- Rolando Béjar, nacido en Cuba, y mi amigo boliviano Pedro Shimose, de origen de japonés, son "hispanos". Sosa, el genial bateador dominicano, en San Pedro de Macorís, su pueblo natal, es un negro. En Estados Unidos es un hispano. ¿Qué los une en el mismo epígrafe del caprichoso censo norteamericano? La lengua materna. Como hablan español, todos son hispanos.

El asunto es extraordinariamente importante. La poderosa minoría hispana de Estados Unidos tiene otra lengua, además del inglés, y con ella, claro, otra cultura plural y vasta que posee una enorme dimensión económica. Esos 35 millones de "hispanos" forman la tribu de habla española más rica del planeta, pero lo más notable es que se encuentra en fase de expansión. A mediados del Siglo XXI habrá más de cien millones de hispanos en Estados Unidos, y probablemente el setenta por ciento de ellos tendrá el español como primera lengua. En ese momento no habrá duda alguna de que esa nación será intensamente bicultural y bilingüe.

Algunos "anglos" se están dando cuenta de esto. El concepto "anglo" es algo tan disparatado como el concepto "hispano", pero se le parece: se trata de una mezcla entre factores raciales (son blancos) y lingüisticos (sólo hablan inglés). Esto último es lo que comienza lentamente a modificarse.

En un viaje reciente a Indianápolis, encontré una escuela internacional privada, muy selecta y cara, en la que los estudiantes, todos anglos, todos de clase alta, estudiaban en español. No estoy diciendo que estudiaban español, sino que estudiaban en español, de la misma manera que muchos niños y jóvenes en América Latina o en España estudian en inglés. Esos gringuitos de Indianápolis --me explicó María Isabel Pacheco, la brillante profesora venezolana que les impartía clases-- se preparaban para tener más oportunidades profesionales dentro de un par de décadas. El inglés lo aprendían perfectamente en sus casas y en la calle, y lo estudiaban como asignatura, pero el objetivo era convertirlos en norteamericanos bilingües y biculturales.

Los hispanos no deben sacar conclusiones erróneas de este ejemplo. No se trata de que Estados Unidos se "hispaniza" de modo permanente. Es otra cosa: al menos por un tiempo, la nación abre un espacio a otra cultura y a otra lengua. Eso ocurrió con los alemanes en el siglo pasado, entre 1850 y 1914, o con los italianos una generación más tarde, y luego todos fueron absorbidos más o menos rápidamente. En el Chicago de fines de siglo era conveniente tener en las tiendas quien hablara alemán, y circulaban decenas de publicaciones en esa lengua. Los hispanos, sencillamente, están en la fase de llegada, en el momento de la lenta masticación.

Si hay algunos anglos lo suficientemente precavidos y listos como para aprender español perfectamente, lo que deben hacer los hispanos es exactamente lo contrario: sumergirse en la lengua inglesa hasta dominarla con el mismo rigor que poseen los anglos más cultos, pues la ventaja comparativa de que van a disfrutar durante varias décadas no se deriva tanto de que hablen español, sino de que sean, realmente, bilingües y biculturales. Los mejores trabajos no están a la disposición de quienes hablan español, sino de aquellos que se comunican en las dos lenguas con la misma habilidad. Los ejemplos más claros son los artistas: Ricky Martin, Gloria Estefan, Jennifer López, Cameron Díaz o Andy García pueden moverse con la misma soltura entre los hispanos como entre los anglos. Y esto sólo es posible cuando el dominio de la lengua, la gesticulación y el resto de los códigos básicos de comunicación son perfectos.

Por eso los hispanos deben huirle como al diablo a la famosa educación "bilingüe". Tienen que sumergirse totalmente en el inglés. Esto lo ha explicado magistralmete Linda Chávez en un artículo aparecido en la revista Hispanic. Los hispanos que se educan en español en Estados Unidos, seducidos por los cantos de sirena de la educación bilingüe, casi nunca acaban por dominar el inglés "como los americanos", y esa a veces no tan pequeña diferencia se convierte en una tremenda desventaja profesional en la etapa adulta. Es falso, además, que los niños hispanos fracasan en escuelas totalmente gringas. Por el contrario: antes del año están totalmente adaptados. Donde hay que preservarles el español y el resto de las manifestaciones culturales es en el hogar. La escuela debe ser absolutamente "mainstream". Quienes entiendan las reglas de este nuevo equilibrio étnico son los que van a jugar con ventaja. Los otros van a perder la partida.

*Periodista y escritor. Su último libro es la novela Otra vez adiós.