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Eduquemos, por favor

Nuestro pobrísimo desempeño nacional está directamente relacionado con el acelerado crecimiento de la criminalidad, la violencia intrafamiliar, los accidentes viales, etc. ¿Qué hacer?

Para empezar, ¡exijamos mejores diputados! Todos los funcionarios de los tres Órganos del Estado deberían ser escogidos por su capacidad, idoneidad y vida limpia, pero especialmente los diputados, porque ellos aprueban las leyes que nos permitirán o vetarán el desarrollo, dando vida o matando el tan ansiado Estado de Derecho.

Cuando nuestra Asamblea cobija en su seno a "penqueadores" de mujeres, a bolos consuetudinarios, a quienes ofrecen sus votos al mejor postor, a mentirosos patológicos, a cabecillas de carteles de la droga, a violadores de la Constitución y a populistas ignorantes, ¡todos somos víctimas! Víctimas son los diputados honestos que tienen el genuino deseo de servir a su país porque, siendo minoría, sus voces y votos se pierden entre la mayoría y son juzgados como iguales a los demás. Y víctimas somos quienes sufrimos las consecuencias de las leyes atolondradas, no estudiadas, que sirven solamente para ser ignoradas porque su cumplimiento es imposible, justificando así a quienes actúan mal porque "si los diputados lo hacen, ¿por qué yo no, pues?"

Acabamos de "celebrar" la aprobación de una nueva ley que obliga al Estado salvadoreño, per sécula, a continuar con los "buenos cambios" inventados por el Presidente Funes. Se criticó que obliga, pero no otorga los recursos para que pueda ejecutarse. Lo más grave es que, nuevamente, se aprobó una ley sin establecer qué seguimiento tendrá, qué metas deberá cumplir, en qué término, etc. ¿Cómo convertir una multimillonaria y no cuantificada acción en Ley de la República, sin tener un objetivo claro de lo que debe alcanzar? ¿Cuánto nos costará la institución que tendrá a su cargo esta nueva genialidad?

Porque, por ejemplo, el famoso plan de regalar uniformes, zapatos, etc., no ha logrado aumentar el número de estudiantes, ni mucho menos ha mejorado la calidad educativa, que convierta a cada alumno en un mejor ser humano, dotado de conocimientos que le sirvan para desempeñarse con excelencia en la vida. Logrando esto, bajarán los niveles de criminalidad, violencia intrafamiliar, accidentes viales, etc. Necesitamos que la responsabilidad, la prudencia y la prevención sean parte esencial del pensum escolar, desde parvulario hasta la universidad, a modo de que se conviertan para nosotros en una segunda naturaleza.

Y quienes, actualmente, más necesitan de responsabilidad, prudencia y prevención, son los partidos políticos. Están por definir quiénes serán sus candidatos para alcaldes y diputados. Háganlo con muchísimo cuidado, no se dejen engañar por hipócritas que, a la vuelta de la esquina, traicionen a sus votantes; tampoco sean tímidos en apartar a quienes, casi a manera de chantaje, se andan auto eligiendo o no tienen la capacidad o la honestidad que se requieren. Cuando votamos por alguien amparado por la bandera de un partido, es a ese partido al que estamos endosando nuestra confianza; la responsabilidad partidaria, pues, está en elegir a los mejores, los más honestos, los más capaces y los más leales a los principios de su bandera. Los votantes podemos perdonar un mal resultado electoral, pero no un engaño.

Y, mientras continuamos esperando que el gobierno haga algo para remediar nuestros terribles males, cada uno, desde nuestra casa, con nuestros hijos, nietos y todos aquellos que nos rodean, ¡eduquemos, eduquemos, eduquemos!