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Educándonos para el subdesarrollo

La nota global de la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media (PAES), examen que mide los conocimientos adquiridos por la población estudiantil de los centros escolares tanto nacionales como privados, alcanzó el exiguo resultado de 5.2 a nivel nacional para el año de 2014, lo que significa un decremento de 0.1 en relación a 2013.

Se sometieron a la evaluación un total de 82,191 estudiantes, es decir, 1585 menos que en 2013. Los alumnos provenían de 1,132 centros educativos públicos y privados. Los promedios de notas de los sectores público y privado descendieron respecto a 2013, los cuales ya eran alarmantemente bajos, ya que para el sector privado era de 5.81, mientras que el del sector público era de 5.12. No obstante lo anterior, para las autoridades del Ministerio de Educación lo relevante del análisis es que se mantiene la "tendencia al alza" (¿?) durante los últimos años y que la "brecha entre el sector privado y sector público en los resultados es ahora poco significativa", afirmaciones las cuales, lejos de ser optimistas, muestran la enorme mediocridad del sistema educativo en El Salvador.

Tradicionalmente, el Gobierno de El Salvador y en general, los gobiernos de Latinoamérica, de cuando en cuando emiten comunicados "triunfalistas" sobre los "grandes avances" que en materia de educación han experimentado en sus respectivos países. Esa percepción de "satisfacción" con la calidad de la educación que se imparte tanto en escuelas públicas como privadas, en muchos casos es compartida por la población latinoamericana. De acuerdo a una encuesta encargada por el Banco Interamericano de Desarrollo y llevada a cabo por la casa encuestadora Gallup, 40,000 personas entrevistadas en 24 países de la región, muestran que los latinoamericanos "se encuentran satisfechos con sus sistemas educativos", paradójicamente los latinoamericanos se encuentran mucho más satisfechos con su educación pública que la gente de otras regiones que obtiene mucho mejores resultados en los exámenes estudiantiles y posteriormente en trabajos y ocupaciones que les brindan un nivel de vida sustancialmente superior en su vida adulta.

El 85% de los costarricenses, el 84% de los venezolanos, el 80% de los nicaragüenses, 77% de los salvadoreños y más del 72% de los colombianos, jamaiquinos, hondureños, bolivianos, panameños, uruguayos y paraguayos, dijeron estar satisfechos con la educación pública de sus respectivos países. Comparativamente sólo el 66% de los encuestados en Alemania, 67% de los estadounidenses, 70% de los japoneses expresan la misma satisfacción.

Los latinoamericanos en general y los salvadoreños en especial, están más satisfechos con su educación pública y privada de lo que justifican los resultados de los exámenes internos como la PAES, o internacionales como el "Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes", el cual es un test estandarizado que mide a los estudiantes de 15 años en matemáticas, lenguaje y ciencias. Mientras los estudiantes de Hong Kong se someten a dicha prueba, Cuba sistemáticamente se ha negado a celebrarla, privilegiando únicamente los test que le convienen para contribuir a la imagen de "educación universal" difundida por la dictadura.

Tomando en cuenta los últimos resultados de la PAES, pareciese que después de tanta propaganda gubernamental, nosotros estamos felices que nos sigan educando para permanecer en el subdesarrollo. ¿Cómo es posible que nos "congratulemos" en los avances nacionales en educación, cuando los alumnos continúan obteniendo notas tan bajas en la PAES? ¿Cómo es posible exponer "triunfos" cuando existen colegios públicos sin agua potable, energía eléctrica, servicios sanitarios ni techos? ¿Cuando existen escuelas públicas donde los educandos no conocen --ni siquiera-- como luce una computadora por fuera? ¿Cómo podemos estar satisfechos cuando la colegiatura privada en El Salvador alcanza niveles de primer mundo con resultados de notas propias de un país subdesarrollado?

Resulta innegable que ha existido un gran avance en materia de expansión y universalidad de la educación. Los índices de alfabetismo se han duplicado desde la época de 1930, alcanzando un 86% en la región, pero no se ha producido un avance similar en la calidad de la educación, por lo que el "analfabetismo funcional" que es la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida, continúa siendo un fenómeno que tiene agarrado por el cuello al sector productivo nacional, ya que a pesar de que los salvadoreños continúan obtienendo títulos académicos --muchas veces a nivel universitario-- su calidad como profesionales, empleados, técnicos y obreros, es muy pobre y de muy poco valor agregado, lo cual constituye una queja habitual en los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas internacionales que se instalan en el país.

Estamos de lleno en la era del valor agregado en materia de servicios. La idea marxista de la propiedad de los bienes de producción no es más que una esclerótica conceptualización de la historia. Estamos tarde, pero El Salvador todavía puede subirse al vagón del desarrollo, si --de una vez por todas-- privilegiamos y destinamos suficientes fondos para brindar una educación de calidad a los hijos de la República. El desarrollo del país no es una quimera, es una realidad, la cual no se alcanza mediante la propaganda sino mediante la educación de calidad. Entre más tarde lo entendamos, entre más tarde empecemos, El Salvador continuará siendo el país del mañana… de un mañana que nunca llega.

*Colaborador de El Diario de Hoy.