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Educación universitaria y técnica, más allá de la educación en línea

Uno de los aspectos clave de la educación de un país, sí se toma en serio y forma parte de un lineamiento estratégico a mediano y largo plazo, tiene que ver con la educación universitaria y la técnica.

Sí bien es cierto que la educación básica y media son sustanciales, también lo es que la superior es fundamental para alcanzar las metas de una nación que busca salir del subdesarrollo, la pobreza y lograr mayor bienestar en su población.

De base, en El Salvador y en muchos países latinoamericanos, existe una distorsión cruel, anacrónica sobre la diferencia entre la educación universitaria y la técnica; se dice que la primera sirve para formar profesionales, es más completa, amplia de tal forma que incluye lo humanístico; en cambio la segunda, forma técnicos, está más concentrada en lo "operativo" de la técnica, es una salida alterna a la profesional porque toma sólo dos o tres años y, por supuesto, después de finalizar los estudios se va a parar a una empresa cuya labor está dirigida por un profesional. Es más, en el caló popular se simplifica esto de la manera siguiente: los profesionales ganan más y los técnicos menos; los primeros llegan a ser jefes, los segundos son técnicos, y se les identifica de manera peyorativa (sin sentido por cierto) como obreros.

Probablemente esta diferencia parte de una concepción estrecha no sólo de lo que es la ciencia y la tecnología sino también de lo que son los procesos educativos para formar a los nuevos especialistas que necesitan las actividades productivas prioritarias. Acá hay un problema, aún no resuelto por nuestros países, como es el de no tener claro hacia dónde vamos, qué clase de salvadoreño queremos formar y forjar de cara al futuro a mediano y largo plazo. El tener claridad sobre lo que queremos lograr nos lleva a jerarquizar el tipo de educación y la formación que queremos darle a nuestros jóvenes.

Más de fondo pareciera que existe un desconocimiento total sobre lo que son las cadenas del conocimiento moderno en el que, al menos, confluyen tres procesos: uno, integración del conocimiento donde, por citar un ejemplo, las ciencias se mezclan en un todo; dos, la incorporación de la tecnología a los procesos de conocimiento cada vez es más importante, y tres, las nuevas necesidades como el mayor cuido de la naturaleza, son casi cotidianas pero, hasta hace unas décadas eran ajenas a la ciencia y la tecnología.

De no superar de tajo estas taras que aquejan a la educación superior, es probable que El Salvador poco podrá avanzar para convertirla en instrumento que incida en el desarrollo integral del país; pese a esta apreciación, se debe reconocer que en las últimas décadas algo se ha hecho: uno, la aprobación y la aplicación en serio de la Ley de Educación Superior, y dos, los procesos de autoevaluación y acreditación han permitido que más de una decena de entidades de educación superior se mantengan en caminos de mejora continua para convertirse en centros de conocimiento que irradien soluciones a los problemas del país.

Sin embargo, y con esto quiero cerrar no sólo esta nota sino también 2013, pareciera que los programas de los candidatos a la presidencia poco o nada se ocupan de la educación como eje fundamental, esencial, estratégico, para alcanzar el desarrollo; las promesas del vaso de leche, el vaso de leche con café, el desayuno completo, los uniformes, los cuadernos, una universidad en línea, como promesas de campaña, si bien son importantes, no son determinantes para convertir a los jóvenes en sujetos que realicen los verdaderos cambios que el país necesita.

¿Qué proponen los candidatos sobre la educación universitaria y la técnica de cara al futuro inmediato del país? ¿Se fomentará la formación en las escuelas tecnológicas? De ser así, ¿con qué finalidad, con qué recursos, en qué áreas? Y más estratégicamente: ¿Cómo vincular la educación universitaria con la educación técnica, sobre todo teniendo en cuenta las necesidades mediatas de cara al desarrollo futuro de las empresas?

En fin, hay mucho que reflexionar sobre este punto.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com