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Dos maravillas tecnológicas

 La segunda maravilla tecnológica que visité por segunda vez, es el Centro Espacial de la NASA,  en Houston, donde repasé durante seis horas la historia completa de las expediciones al espacio 

Escribo este artículo a 11.888 metros sobre el Océano Atlántico, cuando faltan 5.968 kilómetros y seis horas y media para llegar a Francfort desde Houston, viendo en una pantalla frente a mi asiento toda la información sobre el vuelo. Lo particular es que estoy volando en el Airbus 380-800, el más grande del mundo. Tiene dos pisos y puede transportar 843 pasajeros, que son atendidos por una tripulación de 38 personas.
 
Volamos sobre Halifax y la sensación de la velocidad de 900 kilómetros por hora no se percibe, tampoco se escucha el ruido de las cuatro grandes turbinas sujetas de las amplias alas, que miden unos treinta metros de ancho, por casi cuarenta de envergadura y que, durante el despegue, se puede admirar su flexibilidad.

Después de haber atravesado muchas veces el  Atlántico, este viaje está siendo el más confortable y, para mí como ingeniero, el más impresionante por las dimensiones, el peso, la potencia de las turbinas, los sistemas electrónicos y todas las técnicas que se aplican en la aviación contemporánea. Si un Jumbo jet  de Boeing ya es grande, el Airbus dobla su capacidad, los espacios están muy bien utilizados y uno se siente seguro y confortable, sobre todo, por la exquisita atención de las bellas aeromozas.

Durante todo el vuelo muestran en un mapa satelital la forma de la Tierra en el horizonte y sobre la superficie, los nombres de las ciudades sobre las que se va volando, con lo que el viaje es, además, una clase de geografía. También  muestran el interior de la cabina de mando y lo que los pilotos van viendo durante el vuelo, mediante  varias cámaras instaladas en la cola y las alas de la nave. De igual manera los pasajeros podemos ver el desarrollo del aterrizaje hasta llegar, al parecer  muy lentamente,  a los edificios del aeropuerto.  Fue la primera vez que, durante el vuelo y de manera gratuita, se pudo   conectar a internet y revisar, durante las once horas de vuelo, la comunicación electrónica o ver otras cosas interesantes.

Y,  por si todo lo anterior fuera poco, ofrecen el  abanico de distracciones de unas treinta películas, diversos géneros musicales y vídeos interesantes.

La segunda maravilla tecnológica que visité por segunda vez, es el Centro Espacial de la NASA, en Houston, donde repasé durante seis horas la historia completa de las expediciones al espacio, desde la primera, en la Nave Mercurio, en 1961, pasando por todos los viajes de los Apolos, los viajes a la luna y los viajes y experimentos de las lanzaderas Challenger, hasta las últimas expediciones a otros planetas.

En el teatro Northrop Grumman explican la evolución de la NASA desde sus inicios. En el modulo, “viviendo el espacio”, explican todos los movimientos y las tareas que tienen que realizar los astronautas, así cómo las casi 300 personas que han volado al espacio.
 
Se puede conocer en una replica  la estación espacial internacional que viaja 250 millas sobre la tierra a 17.500 millas por hora.

 Son impresionantes las vistas de día y de noche de la Tierra en las que nos podemos hacer una idea de todo lo que tenemos  y debemos conservar para las siguientes generaciones en lugar de redundar sobre lo malo que pasa aquí y en el mundo, preferí contarles hoy mi experiencia con estas dos maravillas.  ¡Hay tanto aún por ver y aprender!

*Ingeniero. 
Columnista de El Diario de Hoy.
www.centrodecalidadyproductividad.com