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Dos casos de espionaje que instan a poner las barbas en remojo

La justicia de Panamá y Colombia ventila dos casos de espionaje político contra funcionarios, incluidos periodistas, hechos que tienen la intención de amedrentar y presionar para que estos se plieguen a intereses espurios

El espionaje y las presiones contra los periodistas no es nuevo; esta es la gran tentación de todo gobierno; a diferencia de lo que sucedía antes, ahora estos casos van a parar ante la justicia; se trata de hechos intolerables. Hay dos ejemplos interesantes, uno en Colombia y otro en Panamá que, sin duda, deben poner en remojo nuestras barbas.

En el caso de Colombia los periodistas de “La FM Radio”, de RCN, en Bogotá, han publicado en las últimas semanas una serie de investigaciones que revelaría el involucramiento de altos mandos de la Policía Nacional en una red de prostitución masculina, enriquecimiento ilícito mediante negocios inmobiliarios y tráfico de influencias.

A raíz de estas investigaciones, tal como lo denuncia la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el equipo de periodistas ha sido víctima de escuchas e intervenciones en teléfonos y correos electrónicos, y seguimiento con vehículos no identificados pero que se presume están vinculados con la policía.

El presidente de la comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP, Claudio Paolillo, expresó su preocupación por “los actos de intimidación que generan temor y disminuyen la capacidad de los periodistas de realizar con libertad y eficiencia su trabajo”.
 
Para contrarrestar los efectos de la intimidación con anónimos enviados por correo electrónico, amenazas telefónicas o seguimiento en vehículos, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anunció la creación de una comisión especial para investigar las denuncias de corrupción en la policía. En el marco del próximo año la comisión deberá dar el informe pertinente, así como las recomendaciones del caso
En Panamá, las cosas van más allá, y es que de la denuncia se ha pasado a las investigaciones judiciales; la Corte Suprema de Justicia inició un nuevo proceso contra el expresidente Ricardo Martinelli, por su supuesta vinculación con escuchas telefónicas a unas 150 personalidades del mundo empresarial, social y político, incluyendo a periodistas y a religiosos.

La justicia panameña ha girado orden de arresto contra Martinelli, acusado de delitos tales como violación del secreto privado y el derecho a la intimidad, peculado, abuso de autoridad, asociación ilícita y atentar contra la seguridad informática.

Como parte de estas investigaciones judiciales, están presos los exjefes de seguridad del gobierno de Martinelli, uno de los cuales es consuegro de este último, a quien la justicia panameña también investiga por la supuesta malversación de fondos en un plan de alimentos escolares que asciende a unos 45 millones de dólares, según lo consignan periódicos de ese país.

Y es que la gran tentación del Estado, más bien de los organismos de seguridad e inteligencia de los gobiernos de turno, es dejar de lado la tolerancia política e ideológica, haciendo uso de la fuerza y la intimidación para silenciar y aplastar la crítica que genera, en diversos círculos, la gestión de gobierno.

Y esto se hace de dos maneras: una, la forma “menos violenta”, consistente en amenazas veladas o directas a través de los correos electrónicos, los mensajes telefónicos y el seguimiento policial con la intención de atemorizar a las víctimas; a esto se suma, en la actualidad, el uso de las redes sociales y la web para enviar mensajes intimidatorios o difamatorios. Y dos, la manera que va más allá de las amenazas y emplea la violencia física, desde golpizas hasta el asesinato, como ha sucedido en México y en otros países; las cifras de periodistas que han sido blanco de la violencia irracional de los intolerantes suman decenas este año.

En El Salvador hay un par de casos de amenazas veladas contra periodistas, ahora bien, y esto hay que decirlo, a diferencia de lo que ocurría en el pasado cercano, ciertamente no con hechos de violencia como los que se registran en Honduras y México, sin embargo, no nos cabe duda de que hay algunos calenturientos en el gobierno “del cambio” que gustarían ponerle mano dura a la oposición. ¿Cómo lo harían?, simplemente con la forma de intimidación y represión que se emplea en Venezuela, Ecuador e incluso en Nicaragua.

¡Tenemos que estar alertas!

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com