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Dos actores levantiscos en campaña electoral: el Presidente y Alba

Levantisco o díscolo, más o menos, viene a ser lo mismo: desobediente, de genio inquieto, que tiende a provocar problemas. Sí, esa ha sido la función de dos actores que han participado directamente en la actual campaña electoral y que finaliza este día de votación, toda vez que los salvadoreños se decanten, en forma mayoritaria, por una de las dos opciones con mayores posibilidades de ganar los comicios: ARENA o el FMLN.

Y si, como se dice, habrá segunda vuelta, el análisis vale la pena. Y no me refiero a los candidatos de ambos partidos, Norman Quijano y Salvador Sánchez Cerén que, sí bien comenzaron muy pronto sus campañas preelectorales no se salieron del guión y desarrollaron una propaganda relativamente "plana, estable, sin sobresaltos de ningún tipo", configurada hasta el último detalle por los especialistas en "marketing" político.

Me refiero a la presencia levantisca del Presidente de la República y las empresas Alba, que juegan un papel preponderante en la campaña electoral actual; veamos el primero que se convirtió en el centro de atención en los temas conflictivos, por un lado, la denuncia contra la corrupción, vinculándola estrechamente con los "20 años de ARENA", particularmente teniendo como foco al expresidente Flores y, por otro, "lavando la cara" a un gobierno ineficiente e incapaz de dar respuesta a los problemas estructurales del país.

¿Por qué el actual Presidente ha tenido tanta presencia en los medios informativos en los últimos meses, a diferencia de lo ocurrido durante sus cuatro años de gobierno? La respuesta es contundente, juega un papel clave en el "conflicto", de "ataque y defensa" aprovechando su "capital político".

Esta labor permitió que el candidato del FMLN no tuviese que batirse en tres frentes: uno, los temas de corrupción, por lo general si bien suelen ser muy populares implican polemizar lo cual trae consigo el desgaste propio del enfrentamiento y la discusión; dos, la defensa de un gobierno ineficiente cuyos logros máximos son el vaso de leche, uniformes y los cuadernos para los estudiantes", y tres, "ocultar" el viejo pasado de jefe guerrillero, además de una imagen bastante cuestionada donde las encuestas mostraban hasta hace unos meses más "negativos que positivos".

Al evitar estos temas el candidato del FMLN se centró en la presentación de su programa, no muy diferente al presentado por Funes hace seis años, y que se caracteriza por no entrar en problemas o discusión de los grandes temas y problemas nacionales como lo de las pensiones, la reforma educativa a fondo, mucho menos la subida de impuestos; además evitó entrar en los temas "ideológicos" propios de un hombre que apadrina las concepciones socialistas como son la desdolarización, el antiimperialismo, la deuda externa, el papel del Estado en la educación, la salud e incluso temas de familia y cuestiones de liberalización sexual, reproductiva y laicismo.

Recorrió el país "repitiendo una y otra vez" la continuación de los cambios, promovidos por el actual presidente pero que no pasan del "vaso de leche"; entrevistas para los medios de comunicación y debates frontales con sus contendientes no estuvieron en su horizonte, como tampoco mostrar una visión de mediano y largo plazo que el partido de izquierda tiene no sólo del país sino también de la sociedad.

El otro elemento levantisco, pero buscando no confrontación sino credibilidad, ha sido Alba, la "empresa social" que desde hace un año desarrolla una intensa campaña de publicidad en los medios tratando de contrarrestar así la debilidad del actual gobierno, y por supuesto la del candidato efemelenista, en su relación con el sector empresarial.

No se sabe con exactitud cuánto ha gastado Alba en propaganda, pero podemos hacernos una idea mediante la operación siguiente: un spot de televisión de entre las seis y las diez de la noche cuesta 550 dólares cada vez que se transmite, ahora bien, multiplique el lector esto por siete días, luego por treinta y por doce meses. Ahora bien, esto sería el costo de un solo spot, ahora piense a cuánto se elevaría la cuenta si se trata de los diez o quince espacios que pasaban cada día en todos los canales de televisión, ¡una millonada! ¿Para qué gastar tanto, cuál es el objetivo?, ciertamente no es para prestar más servicios, buscar nuevos mercados ni fortalecer su imagen, simplemente estaban orientados a apoyar la labor del gobierno y la imagen de los candidatos efemelenistas, del partido de estos y, por supuesto, "su aparente visión de lo que son los negocios y las empresas".

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com