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¿Dónde vive el presidente de tu país?

Un ciudadano estadounidense contestaría a esta pregunta que Barack Obama y sus antecesores han vivido y trabajado en el número 1600 de la Avenida Pennsylvania en Washington, DC., desde hace mucho tiempo, en una casa color blanco, visible a cuanto turista o ciudadano quiera acercarse a echar un vistazo desde las rejas que la rodean. Un inglés diría que el jefe de gobierno de su país, el Primer Ministro, vive en el número 10 de la calle Downing, en Londres. Incluso en El Salvador, país que no resalta precisamente por la transparencia de los gobernantes y la cosa pública, es cosa sabida que el presidente de la República vive en la Avenida Masferrer Norte, en la colonia Escalón, frente a un semáforo instalado por la administración del presidente Funes, para controlar el tráfico que podría afectar la puntualidad de sus idas y venidas.

Más allá del interés turístico o cultural que pueda haber detrás de saber dónde vive el presidente de un país, lo que encierra la respuesta es, al final de cuentas, una cuestión de transparencia. La idea encubre el concepto de que el presidente es un servidor público y el pueblo su mandante, y por ello, el hecho de saber dónde vive implica una accesibilidad simbólica: para ir a protestar, a exigirle cuentas, o simplemente, para hacerlo un elemento visible en la vida ciudadana.

Sin embargo, aunque este conocimiento es la regla general para la mayoría de países, todavía hay algunos donde el lugar donde vive o trabaja el presidente es un misterio, reflejando autoritarismo y falta de transparencia. No en todos lados se sabe la ubicación de la casa presidencial tan fácilmente como se conoce la Casa Rosada en Argentina, Los Pinos en México, el Palacio de las Garzas en Colombia, o la Casa de Pizarro en el Perú. En Venezuela, lo que se sabe es que quienes viven en la residencia oficial son los hijos del fallecido Hugo Chávez, pues presumen del hecho subiendo evidencia fotográfica a las redes sociales, como si este privilegio inexplicable, de seguir viviendo del contribuyente, les fuera un derecho debido. En Cuba tampoco se sabe dónde viven los Castro. Ni siquiera los ciudadanos más interesados en la política saben a ciencia cierta qué hay detrás del misterio que envuelve a los hermanos y se refieren a la inubicable residencia y lugar de trabajo como "la zona cero". Los Castro han justificado este secretismo en que la seguridad los obliga a esconderse para no ser blanco de fáciles ataques provenientes del "imperialismo capitalista y neoliberal". Sin embargo, medio siglo después de haberse instalado en el poder y con la Guerra Fría siendo un tema que pertenece más a los libros de historia que a la actualidad política, es difícil creer en complots que quieran vulnerar a los dirigentes del gobierno cubano.

Más que una medida de seguridad de un gobierno que tiene suficiente armamento de defensa como para intercambiar con Corea del Norte, el secretismo revela el autoritarismo y opresión en la que viven a diario millones de cubanos. Más creíble es que se esconden para que su suntuosa manera de vivir, que contrastaría tanto con la de la mayoría de cubanos, que deben hacer arreglos para comer todo el mes, no sea tan obvia. La verdadera justificación de la "zona cero" cubana, más que una vieja paranoia de los ancianos gobernantes, es esconder la desigualdad creada a punta de extorsión y control, y los lujos provenientes de haber vivido a costillas de un pueblo que sufre por más de medio siglo. ¡Qué suerte tiene, si vive en un país en el que sabe dónde viven o trabajan sus gobernantes!

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg