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¿Dónde quedó Dios en la política?

Tratando de entender qué ha pasado en nuestro país para que estemos tan mal moralmente, económicamente, en falta de liderazgos, principios éticos, etc., reflexiono y estoy convencido que es por la ausencia de Dios en muchos de nuestros políticos. Estamos viviendo momentos donde la muerte acecha por doquier, la corrupción es evidente, hay falta de prioridades y de conciencias claras, difamaciones, traiciones y mentiras públicas, relativismo moral, ambición de poder a costa de lo que sea y de quien sea... en fin, estamos sumidos en una depresión en muchos sentidos y todo esto porque han borrado a Dios del mapa de la política.

Algunos dirán: "No hablés de religión ni de política que siempre terminan en pleito esos temas y mucho menos los mezclés". No sean cobardes o cómodos en opinar y formarse en esos temas, son importantes y mueven al mundo. La política y Dios no tienen por qué estar peleados. De hecho un buen político, un verdadero servidor público, necesita de Dios, quien es el máximo ejemplo en servir a sus hijos. Recordemos de dónde venimos y hacia doóde vamos y quién nos creó. Todos, pero todos sin excepción (aunque algunos políticos se sienten inmortales), algún día moriremos y nos veremos cara a cara con Dios. ¿Y qué le van a decir cuando lo vean?: "¿Me quedé callado cuando vi que te hacían a un lado de las decisiones trascendentales? ¿Tuve la oportunidad de servir a mi pueblo y me serví a mi mismo? ¿Preferí traicionar a mi Patria para "vivir bien" por un tiempo?" No olvidemos que hasta en nuestra bandera dice: Dios-Unión-Libertad. Es más, somos el único país que obtuvo su nombre en honor a Dios, nuestro Salvador. ¡Qué diferente fuera si todos nuestros políticos trabajaran honrando eso!

Nuestros gobernantes, empleados de los salvadoreños, se hacen llamar "padres de la Patria". Pero, qué ejemplo nos dan a nosotros, "sus hijos"? ¿Qué hacen por guiarnos por el buen camino? ¿Realmente nos cuidan o más bien se cuidan a ellos mismos? ¿Trabajan por unirnos como familia salvadoreña o por dividirnos? Los hijos que ven a sus padres pelear, destruyéndose mutuamente, sobreponiendo egos sobre la familia o la Nación, van a aprender a hacer lo mismo. Por lo contrario, los hijos que ven a sus padres vivir en paz, rezar juntos, dialogar, llegar a acuerdos de manera transparente buscando el bien de todos, van a buscar hacer lo mismo. Ya lo decía Juan Pablo II el 26 de octubre de 1997: "Familia que reza unida permanece unida". Cuándo han orado juntos nuestros "padres de la Patria" pidiendo unos por otros y por sus "hijos"?

¿Y qué pasa con aquellos que únicamente en campaña política andan hablando de Dios o visitan iglesias y congregaciones? ¡Hipócritas! Seamos coherentes y no dejemos que nos den atol con el dedo. Exijámosles que se comporten con principios y valores y que si nos hablan de Dios que al menos lo conozcan y lo vivan.

Políticos, no se ahoguen en la desesperanza, aún hay tiempo. Es como el caso de las maras: no salen del mal, de ese círculo vicioso, pues no tienen esperanza, pero cuando incluyen a Dios en sus vidas el panorama les cambia para bien. Igual es en la política. Salgan del círculo vicioso. Sólo ustedes pueden tomar esa decisión personal e incluir a Dios en sus acciones que nos afectan a todos los salvadoreños. Les aclaro, no es lo más fácil pero les garantizo paz, alegría y realización verdadera.

En una sociedad donde sus dirigentes prefieren borrar a Dios del mapa, deja de existir la brújula que nos lleva al bien y nos perdemos en el rumbo. Todos ganamos cuando al menos unos pocos se guían tomando en cuenta a Dios pero también todos perdemos cuando unos pocos lo apartan. Dios, la ética, el bien y la moral son los mismos fuera y dentro de la política. Vivamos juntos esos aspectos y seremos una saludable familia salvadoreña.

*Colaborador de El Diario de Hoy.