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¿Dónde están la vergüenza, el honor y la decencia?

¿Dónde están la vergüenza, el honor y la decencia de algunos funcionarios, que parecen haber estado ausentes cuando el Creador repartió estas virtudes? Y eso que al tomar posesión de sus cargos, juraron solemnemente trabajar por el bien del país con transparencia y honestidad.

Sigfrido Reyes ha transgredido impunemente muchas leyes: esconder información sobre regalos y asesores, negocios millonarios de terrenos pagados "de sus ahorros" con su asesor y socio Larrazábal. Y el increíble decreto, con votos GANA/ FMLN, dedicado a la esposa del asesor, devolviéndole terrenos embargados, por una deuda de $285,000, que podía pagar en cuotas de $30 mensuales, al 1.5% de interés anual, durante un plazo de 800 años.

No da explicaciones porque tanto la Corte de Cuentas como el Tribunal de Ética Gubernamental le cubren las espaldas, negándose a iniciar una investigación de oficio: "no se han enterado". Esta actitud de complicidad, ha hecho que Transparencia Internacional sospeche que tras este intocable funcionario, existe una red de poderosos respaldando su impunidad. ¿Podemos los ciudadanos mantenernos pasivos ante actitudes, que pueden esconder delitos? ¿Y que al concluir su provechosa gestión, se le premiará con una embajada en un país de su elección?

El magistrado Olivo, responsable del proceso electoral más vergonzoso de nuestra historia, también prometió austeridad, y recortar gastos innecesarios descubiertos en el TSE. Y a pesar de los pésimos resultados, calificó las elecciones como una verdadera fiesta cívica, rechazó la apertura de urnas con serias irregularidades, y obligado a cumplir la sentencia de la Sala de lo Constitucional de contar los votos en SS, ha recibido un refuerzo de $500,000 para cubrir gastos. ¿No enseña la ética que el responsable de un desastre debe asumir el costo de su incompetencia? Es obvio que espera que lo paguemos los contribuyentes.

El presidente Sánchez Cerén, de discurso sereno, poco confrontativo y perenne sonrisa senil, se transforma en acusador agresivo, en cuanto recibe instrucciones de Venezuela. Su apoyo descarado a la dictadura de Maduro, enfrentado con el presidente Obama, le hizo olvidar que sus desafortunadas declaraciones entorpecen la aprobación de los $1,000 millones para el Triángulo Norte, según lo aseguró la embajadora Aponte. Medardo González osó criticar a la diplomática por emitir declaraciones sobre nuestros asuntos internos, olvidando que quien paga la fiesta, escoge la música. Y que recientemente Roger Noriega expresó ante el Congreso Americano serias dudas sobre el buen uso que El Salvador ha dado, a la gran cantidad de recursos recibidos, además de sospechas de relaciones de altos funcionarios con el narcotráfico.

La afirmación del presidente que la violencia es magnificada por los medios de comunicación, provocando una psicosis de terror, y omitiendo los grandes logros del gobierno, es un insulto para quienes esperan llorando frente a Medicina Legal los cadáveres de seres queridos, que salieron para nunca regresar. Olvida el mandatario que gracias a la millonaria publicidad gubernamental, los medios destacan diariamente esos supuestos avances en salud, educación y seguridad, que nadie ve, pero en los que se han invertido millones de dólares de préstamos, que no podremos pagar en los 800 años, según iniciativa de Sigfrido Reyes.

¿Qué se hicieron la vergüenza, la decencia y el honor? ¿Regresarán alguna vez a nuestra tierra? Nuestro mayor problema es haber llegado a una situación de apática inercia, de acostumbramiento indiferente a los desmanes de los políticos, culpables del caos en seguridad, economía, salud y educación. Debemos recordar que si votamos por ellos, tenemos derecho a exigir una estricta rendición de cuentas. ¡Hay que hacerlo!

*Columnista de El Diario de Hoy.