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¿Dónde está la esperanza?

Los jóvenes salvadoreños deben haberse llenado de entusiasmo, ante las promesas del gobierno del cambio, que luego de asegurar que ellos serían prioridad en sus políticas, les auguraban un futuro promisorio, especialmente en materia de educación, para que de acuerdo a las exigencias del mundo globalizado, lograran prepararse para insertarse en el mundo laboral como futuros empresarios, altamente competitivos.

Después de más de cinco años, ¿qué pueden esperar los jóvenes ante tantas promesas falsas y un panorama cada vez más oscuro? El Minsal expresa su preocupación ante el aumento de embarazos precoces, lo que atribuyen a que los jóvenes cada día empiezan sus actividades sexuales a más temprana edad: entre 10 y 12 años. Alarma el aumento de niños prematuros, siendo una de las causas de muerte de recién nacidos, y de un 29 % de muertes en menores de cinco años. Lo justifica con falta de control prenatal, porque las madres, todavía niñas, no han asumido su nueva responsabilidad.

La población joven es la más afectada por el VIH, siendo los universitarios y aquellos con estudios técnicos los grupos que más adquieren el Sida. La ministra Menjívar lamenta profundamente no haberse realizado el día de la prueba del Sida, especialmente en los segmentos poblacionales más vulnerables: hombres que tienen sexo con hombres y mujeres trabajadoras del sexo. La jefe del Programa ITS/VIH añadió un refuerzo en la estrategia, dada la evolución de la epidemia, pues los jóvenes están iniciando su vida sexual a muy temprana edad, por lo que urge informarles sobre la manera cómo se transmite la enfermedad.

Ante resultados tan poco halagadores, y el evidente fracaso de sus políticas, esa hipócrita preocupación de los funcionarios carece totalmente de credibilidad, ya que es absurdo pretender ayudar y enseñarles a tener una vida sana, cuando todos los programas de salud sexual y reproductiva están enfocados a sumirlos en la desgracia, en el vicio y en la promiscuidad, cortando así de raíz cualquier aspiración que puedan abrigar de llegar más lejos, superando la pobreza y acceder a una mejor calidad de vida.

Enseñar en las escuelas, a muy temprana edad, a los varones cómo ponerse un preservativo y a las niñas el uso de los anticonceptivos, es darles un cheque en blanco empujándoles a una precoz actividad sexual, que por su inmadurez, no tienen control y les inicia en un constante cambio de parejas, inserción en las maras, y embarazos precoces, que será el primero de una cadena de criaturas sin protección de sus padres.

Y cerrando culpablemente los ojos ante esta dramática realidad, el Minsal no acepta que urge cambiar el rumbo, con medidas diferentes y de largo plazo. Que deben invertir en desarrollo humano, educando en virtudes y valores, que aumenten su auto estima al recuperar su dignidad como personas. Que sueñen con un futuro construido por mismos, esperando completar su formación física y espiritual, para tomar una de las decisiones más importantes en su vida: elegir la pareja que los acompañará por el resto de sus días, para dar a sus hijos un futuro mejor. En otras palabras, enseñarles a esperar.

¿Qué pueden esperar los jóvenes ante tan sombrío panorama? Deben buscar la esperanza donde realmente está. Estos días, en que el mundo espera con alegría el nacimiento del Niño Jesús, los personajes del Portal de Belén, Jesús, María y José, nos transmiten ese mensaje de esperanza, de fe y de amor. Nos animan a ser cada día mejores, porque en el desempeño fiel de nuestras labores ordinarias, encontraremos el camino a la verdadera felicidad.

* Columnista de El Diario de Hoy.