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El don de la vida

Hace unos días leía en "Catholic net", lugar de encuentro de los católicos en la red, que un gran escritor español, José María Gironella, cuenta que en diciembre de 1936, cuando ya se había iniciado la Guerra Civil Española, en un momento en que temían que su vida peligrara en Gerona, decidió pasarse a Francia, y su padre lo acompañó hasta la frontera. Al pasarla, los gendarmes franceses le registraron y, en sus bolsillos encontraron un papel que, sin que él lo advirtiera había introducido su padre momentos antes de cruzar dicha frontera. Era una brevísima carta que decía. "No mates a nadie, hijo. Tu padre, Joaquín". Quizá fue la carta que le acompañó toda su vida como una enseñanza permanente de su padre.

Frente al irrespeto que sigue existiendo por la vida y la dignidad de las personas en nuestro medio y el mundo, debemos seguir insistiendo que la "Vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término, nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente". (Cat. Igl.Cat. 2258).

La vida es el bien más valioso que hemos recibido de Dios y de nuestros padres. Es el fundamento de los demás bienes que tenemos. Las cualidades humanas, la inteligencia, la ciencia, la profesión, las aptitudes, no se pueden dar si no existe la vida. La vida humana no tiene precio, atentar contra ella es atentar contra el primer derecho que se tiene a existir. El respeto a la persona pasa por el respeto del principio: "Que cada uno sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente"(GS27).

El mundo no está exento de grandes y graves peligros que atentan contra la vida y la paz social. Existen gravísimos pecados sociales que claman al cielo. El aborto provocado, las muertes violentas, las amenazas, la privación injustificada de la libertad y tantas otras formas que atentan contra la vida. Hay numerosas sombras de muertes que causan dolor, tristeza y angustia en las familias. Todas estas realidades traen un oscurecimiento de la conciencia moral y hacen que muchas personas pierdan su dignidad humana y cristiana.

Debemos luchar para que se respeten, protejan y defiendan aquellos valores que sustentan nuestra existencia. Todo lo que atente contra la familia, la dignidad de la mujer, los niños, la vida de los que van a nacer, los inválidos, ancianos o inocentes, es inmoral. La vida es como un tesoro, un capital que Dios nos ha confiado para hacerlo fructificar. Para muchos la vida no vale nada, son capaces de arrebatarla por unas cuantas monedas, un celular, o una venganza.

Todo esto afecta la vida de fe y donde Dios está ausente --el Dios del rostro humano de Jesucristo-- los valores que necesitamos no se muestran con toda su fuerza. Trabajemos por formar la conciencia de las personas, esto engendra paz en el corazón y educar en el valor de la vida y el respeto a nuestros semejantes.

*Sacerdote Salesiano.