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Don Paco

En mis tiempos en TACA, lanzamos una campaña para influenciar a los hermanos lejanos para que regresaran a casa volando en lo nuestro. Don Paco, el protagonista era un salvadoreño bonachón, con tremendo mostacho, que en la cola de Pan Am, en medio de dos gringotes ensacados, se cuestionaba: ¿Qué estoy haciendo aquí? Al llegar su turno, la agente de mostrador le grita: "¿Hacia dónde viaja? Intimidado, Paco responde, "perdón, me equivoqué de línea", y se une al jelengue de los Rodríguez, todos orgullosos mostrando su pase de abordar impresa con la guara de TACA. En la siguiente toma vemos a Paco cómodamente sentado, junto a sus cheros, a bordo del 767 Wide Body, justo cuando Margarita, la guapa sobrecargo, les sirve, de choto, güisquis con amabilidad.

Resulta que, además de actor, don Paco era un experto piloto, conocido por hacer sentir en casa a sus pasajeros. Los recibía y despedía con una sonrisa, y su voz desde la cabina de mando, justo antes de aterrizar en Comalapa, sacaba más de una lágrima: "Nuestros amigos sentados a la izquierda, podrán apreciar la joya santaneca de Coatepeque y el faro sonsonateco del Pacífico. A los de la derecha, les invito a disfrutar de un glorioso amanecer sobre las playas de La Libertad. Ahí están sacándoles las ostritas más sabrosas del mundo. Gracias por volar con TACA y a gozar de su tierra se ha dicho".

La emoción de aterrizar en casa está de nuevo en marea alta. Nuestros hermanos regresan por montones, a cambiar el frijol por la calor, la rutina por la playa, la hamburguesa por la pupusa, el sudor de la frente por el amor de la familia.

Sus maletas vienen taqueadas de regalos para todos; sus agendas, de lugares adonde ir a chotear, de frutas pícaras y pistolas de Ilobasco que comprar, de delicias que saborear, de música que bailar.

Agua se les hace la boca, no sólo por las ostritas y las revueltas, sino también por el shuco, los punches en alguashte, el sopón de patas, la mariscada, el gallo en chicha, el arroz aguado, los tamalitos pisques, la yuca frita con pepeshca, los pastelitos de chucho. ¡Panza llena de nuestro sustento, corazón súper contento!

En tierra cuscatleca, la emoción es recíproca. La casa se viste de gala con una mano de gato, manteles largos, el nacimiento con musgo y aserrín, La bala y Yo no olvido al Año Viejo , porque me ha "dejau" muchas remesas.

Los cipotes ni duermen contando los días que faltan para que venga el tío Beto, oriundo de Nueva Granada, con la tía Lupe, de Veracruz, su Nintendo y Bryan Thomas, el primito de Los Ángeles que sólo conocen por Facebook.

Propongo que Turismo, en el aeropuerto, desenrolle alfombras rojas para recibir a nuestros hermanos. Ni imaginarnos como estuviéramos sin los 4 mil millones de dolarucos que año con año inyectan a nuestra economía. ¡Y aquí no están sumadas las chirilicas que sueltan cuando vienen a chotear!

Honor a su amor por la patria, pues a pesar de que pudieran optar por Cancún o montarse a un crucero, aún los atrae la emproblemada tierra que los vio nacer.

Propongo que los pilotos de la ahora Avianca, como lo tenía clarísimo don Paco, comprendan la importancia de una visita de carácter real, y que su servicio a bordo los reciba con una copa de vino espumante, aunque vuelen en clase cumbo.

¡Bienvenidos pilar de las telefónicas! ¿Qué tal si les regalan una tarjeta prepago para que, en enero, llamen a su jefe para avisar que llegarán hasta la otra semana con la paja que les pegó la chikunguña o la venganza de Atlacatl?

Propongo también que el comercio active promociones con solo mostrar la "green card", y que cuando veamos a nuestros hermanos consumiendo y turisteando en las tiendas, playas, pueblos y restaurantes, les regalemos una sonrisota, un "welcome", y "un thank you", al estilo de don Paco.

"Come back next year!"

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com