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Dolor humano y frialdad estadística

Casi veinte años han pasado desde que me detectaron un cáncer. "Número de paciente", me pedían cita tras cita en el hospital, y el término me causaba impacto. En primer lugar porque siempre me había considerado un hombre sano, que disfrutaba del ejercicio y del aire libre. En segundo lugar, porque mis instintos se rebelaban a ser tratado sin identidad propia, sólo con el número de paciente que el hospital me había asignado. Obvio que fluían diversos sentimientos y pensamientos sobre mí mientras se confirmaba la existencia de la enfermedad. Comprendí que detrás de cada uno de nosotros --con "número de paciente" asignado-- había toda una historia humana con nombre y apellido, familia, amigos, trabajo u ocupación, entorno.

Esto mismo me sucede cuando, a manera de ejemplo, se reporta "10 homicidios diarios durante marzo". Me rebelo a que como una fría y simple estadística se reporte que van 794 homicidios durante lo que va del año (243 más que durante los tres primeros meses de 2013). Dejando por un lado que todos y cada uno de los asesinados hasta el último día de marzo de este año, eran seres humanos con una historia propia, con nombre y apellido, familia, amigos, entorno, etcétera. Siendo la vida humana el máximo bien supremo a respetar, debemos como nación actuar conforme la dimensión de la tragedia que vivimos, iniciando con ser siempre sensibles ante el dolor de lo que acontece día tras día.

Siendo la inseguridad ciudadana el principal problema del país, surge una luz de esperanza --o al menos es un buen augurio-- que se anuncie la reunión que sostendrán esta próxima semana miembros del gabinete entrante de gobierno con los de la Asociación Nacional de la Empresa Privada. Surge la esperanza o el buen augurio porque en el pasado el apoyo de la ANEP fue fundamental, digamos en concreto a principios de la década anterior, para desarticular bandas de secuestradores. Pero a la vez, que se concrete este tipo de reuniones manda la señal de que por la naturaleza de la problemática a enfrentar, se requerirá del aporte de todos los sectores que puedan unirse en el esfuerzo porque su gradual solución nos beneficiará como nación.

Ciertamente, los "manodurismos" no resolverán nada, pero tampoco la falta de planes eficientes y utilización de recursos que como se ha argumentado, puedan haber servido para otros menesteres. Enhorabuena que miembros del gobierno entrante vayan a reunirse este martes con la ANEP y que estén buscando a su vez reunirse con la oposición política. Este es un tema en el cual puede y debería haber, entre los diferentes actores de la sociedad, un consenso básico para poder enfrentarlo. Porque ya que el problema nos perjudica a todos, pues hablando se entiende la gente. El objetivo debería ser llegar a contar con políticas de estado para poder lidiar con éxito ante este flagelo que tanto nos abate y que tanto mina la moral colectiva.

Inversión quirúrgica en las comunidades, con el fin de llevar prevención especializada, deporte y recreación tanto para los sectores en riesgo como, por separado, para la niñez; imperio de la ley para quienes delinquen, pensando en que como seres humanos que son deberán ser tratados en reclusión, deberían ser ejes de cualquier política de seguridad que pretenda tener éxito. Seguro que se puede llegar a acuerdos básicos en este tema si la percepción que emana es que genuinamente se busca resolver de manera gradual, con una política profesional, no ideologizada, el principal problema del país que tanto dolor humano nos causa.

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.