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Dolor y esperanza

a vida es el bien más preciado que tenemos y es responsabilidad prioritaria del Estado, así como de los ciudadanos, su preservación y protección. Los treinta y siete homicidios perpetrados este domingo, junto a los veinticinco del sábado, hicieron del pasado fin de semana el más violento en lo que va del año. Treinta y siete homicidios justo el día en que publicó "The Washington Post" el artículo: "El Salvador en camino de convertirse en la nación más violenta del hemisferio". Pavorosa tragedia humana la que nos encontramos sufriendo.

"En El Salvador", dice el "Post", "la tasa de homicidios se ha elevado a su nivel más alto de la década". El artículo describe operativos que realiza la unidad antipandillas de la PNC, así como la situación emotiva de los cuadros policiales, que va del temor a la decisión de implantar una política de ley y orden. "Con veintidós homicidios diarios no se puede pensar en el largo plazo, la gente pide respuestas", dijo el jefe de dicha unidad, quien agregó: "Si tienes cáncer y dolor de cabeza a la vez, te tratas hoy el dolor de cabeza y mañana el cáncer".

Las estadísticas suelen ser frías, pero cuando se trata de la pérdida de vidas humanas no hay lugar para insensibilidad; El Salvador se desangra por personas cuyas vidas son privadas de un tajo como producto de la violencia que sufrimos, y que como usted y como yo las víctimas tienen entorno familiar, padres, hijos, hermanos; así como entorno social, amistades, vecinos; entorno laboral, etcétera. El tema ha dejado de ser cómo llegamos a esto pero cómo sorteamos esta inagotable fuente de sufrimiento.

Vi con esperanza el viaje a Washington D.C. del pasado noviembre, cuando los tres presidentes del "Triángulo Norte de Centroamérica" le pidieron al presidente del BID constituir una secretaría técnica para echar a andar el "Plan para la prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica". Meses antes este periódico reportó que en los tanques de pensamiento de Washington, a raíz del drama migratorio vivido el pasado verano en los estados fronterizos, cuando huyendo de la violencia miles de adolescentes y niños provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador fueron retenidos en albergues migratorios temporales, se empezó a hablar de una especie de "Plan Colombia" para nuestra región.

La crisis fronteriza tocó la médula de la sociedad estadounidense y debería tocar la nuestra también, ya que la gente sencilla con tal de sacar a sus hijos de las calles prefiere enviarlos hacia el Norte, a pesar de los enormes peligros que se corren. Esto es lo que hay que cambiar y existe un plan para ello, que debe empezar por proveer seguridad para los ciudadanos de nuestra atribulada región. Por ello debemos apoyar una estrategia de seguridad integrada, con las circunstancias que se vive en cada uno de los países. Rudy Giuliani podría formularlo, ya que trabaja o está por trabajar con Honduras y Guatemala.

El "Plan para la prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica", por contar con el apoyo de Estados Unidos, Colombia y México, expresamente manifestado en noviembre en el BID, lleva fondos de la comunidad internacional para apoyarnos en esta tarea de alcanzar mejores condiciones de vida para nuestra gente, integralmente hablando. La regla general es que a la gente le gusta vivir en el país que le vio nacer, crecer y desarrollarse. Y lo que requiere para ello es caminar por la calle sin angustia y trabajo para sacar adelante a la familia. Sería muy triste perder esta oportunidad, pudiendo obtenerla.

Sufrimiento como el de este pasado fin de semana para tanto compatriota, debería hacernos reaccionar como país y como región.

* Director Editorial de EL DIARIO DE HOY. L