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Distingamos entre represores y víctimas

Lo más fácil para algunos colegas periodistas fue decir que "dos diputadas se pelearon" en una comisión de la Asamblea Legislativa la semana anterior.

Lo que no pudieron hacer es analizar el hecho con un poco más de criterio y alcanzar a ver que una diputada oficialista, con todo la carga de su autoridad como presidenta de la comisión y miembro de partido en el poder, le quitó la palabra a su colega de la oposición. Más claramente, le negó su derecho a expresarse.

Ese fue el hecho que más nos debería preocupar: la intolerancia extrema mostrada por una representante del partido oficial que en el pasado tanto reclamó "la apertura de espacios" para la libre expresión.

Nos indigna, pero no nos debería extrañar, pues simplemente emulan a sus pares venezolanos, maestros hasta en callar y reprimir a puñetazos a la oposición en el Congreso.

En Venezuela se ha llegado al extremo de prohibirle al diario El Universal publicar información sobre la creciente inseguridad en el país, porque hay que hacerle creer a propios y extraños que, por decreto y por obra y gracia de un nuevo ministerio, "allá es la tierra de la eterna felicidad".

En El Salvador, esta es al menos la cuarta ocasión en que se le apaga el micrófono o se silencia a un miembro de la oposición, práctica que inició el presidente de ese órgano, también oficialista. Ni en los "tiempos de Conciliación" se vio tal cosa.

Pero, ¿no era eso mismo de lo que acusaban a la "dictadura militar fascistoide" que tanto denunciaron? ¿O es que son "socialistas" de corazón fascista? ¡Qué rápido aprendieron y qué aventajados salieron!

Sólo falta que agarren a garrotazos a sus adversarios políticos. Si no lo han hecho hasta ahora es porque no han podido llegar a tener todo el poder, pero si lo logran, ¡sálvese quien pueda!

Sus primos ideológicos, los norcoreanos, han llegado al grado de amenazar con un ataque fulminante a sus vecinos de Corea del Sur por salir a manifestarse contra el tirano que oprime el norte de la península. No les importa llegar a una guerra con tal de imponerse.

Una periodista de El Diario de Hoy fue retenida ilegalmente por una hora en un hospital público por fotografiar la atención que recibía una persona que cayó desmayada, y la explicación oficial fue que ella "había actuado sin el permiso del paciente". ¡Por favor! Los pacientes merecen mi respeto y solidaridad, ¿pero desde cuándo estos funcionarios han mostrado tanta abnegación y preocupación por uno de ellos? Eso se lo puedo reconocer a los médicos y enfermeras que, me consta, dan lo mejor de sí, ¿pero de funcionarios bien comidos y servidos desde sus escritorios…?

Nada justificaba que le arrebataran su teléfono como lo hacen los ladrones y que la retuvieran, con el agravante de que se ensañaron con una mujer. ¡Qué valientes, pero vergüenza debería darles! Para eso se tiene el don de la palabra y la amabilidad para pedírselo o hablar con sus jefes, a menos que carezcan de principios o escrúpulos.

Todo lo arreglan con enojarse, descalificar y callar al que no piensa igual, montar circos y distractores políticos, copar las instituciones, imponer, creerse intocables y con todo el poder para no acatar leyes ni preocuparse de lo que piense la gente al fin.

Es que son buenos para protestar y armar bochinches, pero una vez que alcanzan el poder superan a los más crueles y autoritarios regímenes. Todo este tiempo ha sido suficiente para comprobarlo.

La próxima vez, colegas, usemos más el criterio y no pongamos al mismo nivel a represores y víctimas.

¡Feliz Navidad a nuestros lectores y al pueblo salvadoreño y que el Señor nos conceda un 2014 mejor y lleno de esperanza y bendición!