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El discurso político y el viejo portal

Desde muy pequeño sentí cierto interés por la política o más bien por sus protagonistas. No es que en mi familia, por el lado de los Perla y Perla, haya habido prominentes políticos, no. Pero abuelos, tíos y primos se involucraron de una o de otra manera en barullos electorales, algunos apoyando al partido oficial y otros en la oposición.

De manera que los políticos, los más fervorosos, siempre me han parecido personajes extraños, como poseídos por los ángeles de la transformación o los demonios del poder.

El viejo y alto portal de la casa de mis abuelos Perla, situada frente al parque de Jocoro, sirvió de tarima para candidatos de todos los partidos desde mitad del siglo pasado. Eran aquellos mítines con cohetes de varilla estallando, con ruido doble, cielo arriba, mientras un grupo musical de tumbadoras, maracas, sacabuche y guitarrón cantaba con música del Águila Negra "Aquí está Arturo Molina, para que ustedes puedan votar, amigos es de los hombres y de las mujeres pues ya ni hablar…"

Con ojos atónitos y espíritu recogido vi, de niño, en ese corredor a un vibrante y joven Napoleón Duarte, en aquella memorable campaña de inicios de los setenta, con las mangas de una camisa caqui enrolladas hasta los codos gritar a todo pulmón: "No vamos a destruir riquezas para repartir miseria. Vamos a crear riquezas para repartir justicia". Me impresionó. Vi también a Arturo Molina, guayabera azul, acompañado por un jovencísimo Ciro Cruz Cepeda, pronunciar su célebre "lo haremos con decisión, definición y firmeza".

Una vez llegó el general José Alberto Medrano, candidato rebelde de los militares que desafiaba al partido oficial. Tenía sus simpatizantes el Chele. En un momento de su golpeado discurso, agarró una bolsa de huevos, que alguien del público le había llevado y alzándolos con el puño en alto, gritó con voz de militar "si a Molina estos le cuelgan…. quiero decirle que a mí me arrastran". El público, en el que había no pocos borrachos, lo ovacionó.

Previo a la llegada de los candidatos los activistas decoraban el corredor de las casa de mis abuelos con globos y guirnaldas del color del partido, probaban el sonido en unos aparatos enormes que emitías agudos silbidos capaces de romper tímpanos. Además repartían tamales y guacaladas de guaro macho para ponerle calor al ambiente. No faltaba después el bolo que confundido de mitin le gritaba en su cara al coronel: "Con Duarte aunque no me harte, hijos de p…"

Uno de mis más queridos tíos, el carismático Toby Perla, apasionado opositor a los gobiernos militares en sus tiempos de estudiante universitario, alarmó a toda la familia cuando en un encendido discurso dijo, dirigiéndose a los guardias nacionales que lo miraban con ojos siniestros desde el cuartelito, justo al lado de la casa: "Vos que tenés el fusil en tus manos, no disparés para abajo porque aquí abajo está el pueblo oprimido. Dispará para arriba, porque allá están los tiranos y los opresores".

Mi abuela le pidió a Dios que nada le pasara a su sobrino. Eran tiempos cuando ser opositor podía costar la cárcel y el destierro. Provocar a la Benemérita Guardia Nacional era entonces coquetear con una soberana paliza, como mínimo. Pero ese día los guardias sólo bajaron la cabeza ante la ovación y el delirio de la multitud. En esa misma tarima, uno de los Lara, una familia jocoreña de estirpe opositora exclamó: "Si el comunismo es darle cobija al harapiento y pan al hambriento, pues yo quiero ser un comunista".

Otro tío, el profesor Humberto Perla, maestro meritísimo de varias generaciones en el Instituto Nacional Francisco Menéndez, con su voz recia y didáctica prendió fuego pronunciando estas palabras: "Llegaremos al poder por las amplias avenidas de la democracia, y no como hacen estos militares que entran por el boquete abierto con el taladro de la corrupción y la sinvergüenzada".

Se me vino a la mente la frase el año pasado cuando el presidente de la Asamblea levantó la mano del que quería que fuera el presidente de la Corte. Es decir el boquete abierto con aquel taladro.

*Columnista de El Diario de Hoy.

marvingaleas@grupo5.com.sv