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El dique que se desmorona

A corto plazo quedarán estas décadas de comunismo como “mala noche en mala posada”, como decía Santa Teresa de Ávila al reflexionar sobre la vida

El izar de la bandera de los Estados Unidos (la de las “barras y las estrellas”) en La Habana es un parteaguas que, sin duda, modificará en los años por venir el tablero político, económico y social en la región latinoamericana. Una visión analítica muy europea publicada en el periódico español El   País afirma que fortalecerá el proceso de paz en Colombia y que influirá sobre lo que acontezca en Venezuela. Señala dicha publicación que el Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, le dijo a The Miami Herald y a CNN que Venezuela forma parte de los temas de conversación con los cubanos.

El análisis insta a Europa a incluir de nuevo a Latinoamérica como bloque económico ya que con el fin formal de la Guerra Fría en esta región del mundo tras la reapertura de relaciones diplomáticas Washington-La Habana, cabe esperar un mejor devenir económico por estas latitudes, tan castigadas por el Socialismo Real y, últimamente, por el populismo autoritario del Socialismo del Siglo XXI. Hasta ahora, dice el análisis en El País, han sido las empresas europeas las que han tenido la iniciativa de ir a Latinoamérica; en adelante deberá haber políticas públicas que fomenten la relación con esa región, que terminen beneficiando a las empresas y, por lo tanto, a la gente.

“Money talks” (“El dinero habla”).
La poderosa Cámara de Comercio de los Estados Unidos abogó por sus agremiados para evitarles quedar en desventaja para realizar negocios en Cuba, desde que se supo el pasado diciembre del “deshielo” de las relaciones entre Washington-La Habana. Es verdad que se mantiene el embargo hasta esta fecha, que ha sido ya por mucho tiempo un anacronismo, pero cómo habría de ser de otra forma si Cuba continúa siendo una dictadura que coarta las libertades de sus ciudadanos, aunque sea esto asunto de tiempo. Cuando la gente tiene la opción de elegir entre libertad o dictadura, se decide por ser libre, y Cuba es una isla que, a tan solo 80 millas de la Florida, lo que requiere es libertad y prosperidad.

Cuba, que ha sido “el faro” de los revolucionarios latinoamericanos, tiene ahora la oportunidad de utilizar su influencia para que sea civilizado el tramo final del chavismo en la región, iniciando con la dramática situación que viven los venezolanos pero no limitándose a ellos porque el “modelo” que el chavismo impulsó, financiado con los petrodólares, se desmorona aceleradamente desde que éstos cayeron y tras la muerte de Chávez. De Raúl Castro se dijo siempre que era más pragmático que su hermano. Las conversaciones secretas con los Estados Unidos iniciaron la época en que se supo que era terminal la enfermedad de Chávez.

Hay asuntos pendientes por dilucidar en la relación Estados Unidos-Cuba, el más importante, el de las libertades para los cubanos. Cuba no es China, que está al otro lado del mundo y que con políticas de libre mercado ha sacado de la pobreza a 400 millones de chinos pero que en lo político continúa coartando las libertades. Por la comunidad cubana fuera de la Isla, por ser naturalmente un punto turístico y porque habrá que rehacerlo todo, como pasó con los países europeos que quedaron al otro lado del Muro de Berlín, a corto plazo quedarán estas décadas de comunismo como “mala noche en mala posada”, como decía Santa Teresa de Ávila al reflexionar sobre la vida.
    
Ha iniciado un proceso que al ir avanzando cambiará para bien el tablero político, económico y social en Latinoamérica. ¡Enhorabuena!

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.