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Dios no está muerto

La existencia, o no, de un ser superior, creador de todo cuanto existe, es un debate que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. De un lado y de otro ha habido grandes pensadores que a través de estudios científicos o filosóficos han tratado de probar sus convicciones. Cuando el debate se da en ese nivel, es decir en el campo de las ciencias y la filosofía, el ambiente, aunque sea vigoroso y no exento de pasión, suele ser respetuoso y tolerante.

Pero cuando un grupo, sea ateo o creyente, eleva sus propias convicciones a la categoría de verdades absolutas, surge la intolerancia que se convierte en odio y éste en violencia, destrucción y muerte. Como columnista prefiero no escribir sobre temas de religión o sobre la existencia de un Dios Creador del universo, por dos razones.

Primero porque creo que no tengo los argumentos científicos y filosóficos para meterme en una discusión de semejante calibre. Y segundo porque pienso que cualquier opinión sobre cuestiones religiosas, sin poseer tampoco las suficientes bases teológicas, históricas y filosóficas en torno a las religiones, me harían caer en lo intrascendente o peor aún en la charlatanería.

En el debate sobre la existencia o no, de una inteligencia superior, sólo hay dos opciones: creer o no. En este debate, en donde lo que está en discusión es el origen del universo y la vida misma, es donde más se recurre a la ciencia y a la filosofía.

Cuando el debate se da entre creyentes de diversas religiones y sectas, sobre cuál es la Fe verdadera, prevalecen los argumentos basados simplemente en las creencias de cada quien generalmente heredadas, experiencias individuales y tradiciones culturales. Por ello el debate entre creyentes suele ser más apasionado e incluso más intolerante. La Historia está llena, hasta nuestros días, de guerras y crímenes de todo tipo, en la supuesta defensa de una determinada fe religiosa.

Con lo anterior no quiero decir para nada que todas las religiones y todos los religiosos son intolerantes y violentos. Son los fanáticos, los cuales cuando han tomado las riendas de organizaciones religiosas muy poderosas desatan violencia y guerras. La afirmación de que "todos los que no creen en mi Dios, son infieles que merecen morir", ha provocado millones de muertes.

Decidí escribir sobre este tema después de ver la película "Dios no está muerto", dirigida por Harold Cronk. Al leer que la cinta mostraba un debate entre un profesor de filosofía ateo y un estudiante cristiano, pensé que vería un derroche de argumentación científica, lo cual me apasiona. Perdí mi tiempo con esa cinta.

La película hace uso de recursos burdos como pintar a todos los creyentes como guapos, sanos y felices y a los ateos como feos, despiadados e infelices, propensos al cáncer y muertes violentas. Además, sin necesidad alguna para el guión, alude de manera irrespetuosa a otras religiones no cristianas. Ese tipo de películas hacen en realidad un flaco favor a los que creemos en un Ser Supremo creador del universo.

Y digo creemos, porque para mí efectivamente Dios, un ser superior creador de todo cuanto existe, no está muerto. La película falla totalmente, si ese era su intento, en rebatir a científicos como Stephen Hawking que desde la ciencia tratan de explicar el universo y la vida, sin la necesidad de que exista un Creador.

Hawking, irónicamente se ha convertido en una especie de "dios" de los ateos, que repiten como fieles en una parroquia pagana sus postulados. No es con la fe como se rebate las tesis de Hawking y demás científicos ateos. El debate debe hacerse también desde la ciencia y la filosofía. Hay autores que sin necesidad de acudir a textos sagrados, plantean su convicción de que el universo fue creado por un Ser Superior, con brillantes exposiciones científicas.

A los interesados en este tema recomendaré dos libros sencillos y no muy complicados de entender: "Necesita Stephen Hawking y su multiverso a Dios", del físico de origen judío Matías Libedinsky y la obra "Dios, Vida, Hombre, Universo", del doctor Luis Fernández Cuervo.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com