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El dilema de lo público y lo privado de los funcionarios públicos

El principio es claro, los funcionarios públicos tienen vida privada y esta se debe respetar, no obstante surge la pregunta de fondo que será el hilo conductor de esta nota: ¿Dónde está el límite entre lo privado y lo público de los funcionarios públicos? Para entender lo que estamos planteando expongo un par de ejemplos.

Hace unos años, un presidente guatemalteco asistió a una reunión de la ONU, en Nueva York, por la noche, el ahora expresidente, aprovechó la ocasión para entrar a un centro nudista. La noticia corrió como pólvora porque fue filmada por camarógrafos de TV, aunque tuvo una vida efímera porque las presiones vinieron de inmediato y sólo pudo ser transmitido en el noticiero del mediodía, nunca más fue reproducido.

Otro presidente, esta vez europeo, fue pillado y fotografiado escapándose de la residencia presidencial, en moto, para visitar a su amante; el tema fue ampliamente desplegado por una revista que, posteriormente, fue demandada y encontrada culpable de entrometerse en la vida privada, no del presidente, sino de la amante, cuya identidad había sido revelada y hecha pública.

Un par de ejemplos más: un connotado pastor evangélico estadounidense, celoso en sus prédicas y al frente de una congregación conservadora, rompió su reputación cuando fue atrapado dentro de un prostíbulo; un alcalde, esta vez de Canadá, en varias ocasiones fue blanco de las cámaras mientras consumía drogas; otro más, un senador estadounidense con una prometedora carrera política, incluso presidencial, fue sorprendido con su amante, y la historia fue ampliamente divulgada en los medios.

Vamos por partes: en principio debemos insistir que la vida privada, incluso los pecados de los funcionarios entran en el área de lo privado y, en cuanto tales, no sólo deben ser respetados sino también reservados a la individualidad.

No obstante —y aquí comienzan las complicaciones— cuando estos hechos propios del ámbito privado son financiados con fondos de los contribuyentes, como en el caso del expresidente guatemalteco, la cuenta en el centro nudista corría a cargo de la tarjeta oficial de la presidencia. En el caso del gobernante francés la noticia no fue que visitará a su amante, sino que rompía las normas de la seguridad presidencial. Y, en torno al pastor y al senador, se trata de personalidades que sostenían un fuerte discurso sobre el matrimonio monogámico, criticaban con severidad los desmanes sexuales y levantaban la bandera de la moralidad a diestro y siniestro. En cuanto al alcalde canadiense la publicación de su manía por las drogas tiene que ver con lo que estas pudieran afectar su gestión.

En este contexto, es totalmente válido que la prensa investigue y publique sí el enriquecimiento de un funcionario responde a medios legales o a maniobras ilegales provenientes del dinero que administra el gobierno. De igual manera, así obra un funcionario que ocupa los fondos de la institución que preside para repartir regalitos de Navidad, realizar fiestas o grandes comilonas en restaurantes y hoteles de cinco estrellas; en este rubro se puede tomar en cuenta a los funcionarios que colocan a su parentela directa en bien remunerados puestos de gobierno, no por su capacidad técnica o profesional, sino por ser de la familia.

Es mucho más complicado cuando se trata sobre la muerte o la enfermedad grave de un funcionario de primera línea. Esto, por ejemplo, en las sociedades cerradas como la cubana o la china, es claro, "cero noticia", en cambio en sociedades abiertas como la estadounidense, la enfermedad de un presidente es contada noticiosamente con detalle, con mucho detalle, lo mismo cuando fallece un familiar cercano a este.

Avancemos: ¿La seguridad del funcionario, la caravana presidencial, son asuntos noticiosos? Sí, cuando sobrepasan los niveles del decoro y ofenden a la opinión pública por la arrogancia y prepotencia del funcionario, tal como ocurrió con el anterior presidente quien, no sólo él viajaba por las calles del país como un sultán sino también su familia.

Sin embargo, por lo general —y esto es la diferencia entre una noticia amarillista y una seria—, el énfasis se pone en el valor informativo de cara al interés público, y no en el "cómo" del hecho. Se destaca, por ejemplo, que un presidente de la República, un pastor o un senador están en un centro nudista o en pleno ejercicio del adulterio, pues se vuelve noticioso debido a que el pago de estas actividades se hace con fondos aportados por el pueblo o porque traicionan claramente su discurso público.

* Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com