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Dilema y oportunidad

Pasaron las elecciones. Aunque todavía (¡a 19 días!) no existe resultado oficial, ya sabemos qué pasó: El electorado estableció una nueva correlación de fuerza, dando más poder a la oposición y menos al gobierno. ARENA no solo recuperó los escaños que luego de las elecciones del 2012 perdió por la deserción de algunos diputados, sino entrará a la nueva Asamblea como primera fuerza con 35 diputados. Ganó también, aunque no por mucho, las elecciones al Parlamento Centroamericano. Y a pesar de la pérdida sensible de municipios claves como San Salvador, Mejicanos y Soyapango, creció en alcaldías y población gobernada por ellas.

Pero la oposición no sólo se fortaleció con el crecimiento de ARENA, sino ganó por la apertura de espacios políticos para forjar una nueva alianza opositora, incluyendo partidos que el quinquenio de Funes se habían aliado, gracias a Tony Saca, con el gobierno. El primer mandato para ARENA: construir esta alianza de manera sólida, pero también de manera transparente. No mediante pactos oscuros, sino como resultado de la apertura, del debate, de la construcción de un proyecto programático que para las elecciones del 2018 y 2019 se convierta en la alternativa para enrumbar al país en el camino del crecimiento.

El segundo mandato de ARENA es la renovación. Sus primeros pasos de democratización e institucionalización del partido, de relevo generacional y de apertura hacia la sociedad civil explican el resurgimiento electoral de ARENA. Sólo si este proceso se consolida y profundiza, ARENA puede construir una nueva mayoría suficientemente amplia para convertirse en opción de poder en el 2019.

Estos dos mandatos principales de ARENA --construir alianzas y consolidar su renovación interna-- pueden entrar en conflicto, si no son manejados con la visión correcta. Si la alianza se construye de la forma tradicional, como lo ha hecho tanto ARENA en el pasado y el FMLN en el presente, haciendo pactos oscuros para comprar voluntades y repartir instituciones, será incompatible con el proceso de renovación, que requiere transparencia y el abandono de las viejas prácticas de los pactos. Sólo cuando se entiende que la mejor manera de construir alianzas y una nueva mayoría es la apertura al debate, a la democratización interna, a la crítica y hacia la sociedad civil, los dos mandatos son compatibles. Sólo convirtiéndose en un partido abierto, plural y tolerante en permanente debate con la sociedad, ARENA puede asumir el liderazgo y la credibilidad que son fundamentales para construir una nueva mayoría.

A corto plazo --y aquí está el dilema-- puede parecer que la manera más fácil de consolidar alianzas partidarias sería aprovechar cierta afinidad que puede existir entre el liderazgo tradicional (la vieja guardia) de ARENA y sus homólogos en el PCN, PDC y parte de GANA. Pero a largo plazo la aplicación de la simple aritmética legislativa no promete ninguna ganancia. El único camino es convertir el proceso de renovación consecuente en el motor de la construcción de la nueva mayoría.

El liderazgo que ARENA tiene que asumir en la oposición, al solo salir del caos del escrutinio, tiene que ser basada en la consecuente profundización de renovación del partido, su institucionalidad, su ideario y su discurso. Hay que tomar en cuenta que los partidos PCN y PDC no son los mismos que antes pactaron con ARENA y luego con Funes, Tony Saca y el FMLN. Ellos han sobrevivido esta elección porque también se abrieron y se renovaron. Basta ver los candidatos provenientes de la sociedad civil en las listas de ambos partidos: Facundo y Josué Alvarado en el PDC, Cristina López y Hilda Jiménez en el PCN, para nombrar solamente los más conocidos. Que de ellos sólo una candidata haya resultado electa, no resta mérito a la apertura que ambos partidos han iniciado.

El denominador común de la alianza a construir entre los partidos no es su pasado (no tan glorioso) de pactos y reparticiones de instituciones, sino la visión compartida de la renovación de la política. Este es el único punto de partida que hace sentido para construir una oposición amplia, plural, democrática y capaz de enrumbar al país.

Lo que a primera vista parece un dilema --o priorizar la renovación o apostar a alianzas-- puede convertirse en una gran oportunidad histórica. Todo depende del liderazgo que genera ARENA como primera fuerza del país.

*Columnista de El Diario de Hoy.