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Digamos el requiescat por 2015

Si logramos que trasciendan colectivamente nuestros propósitos individuales y si todo lo hacemos de la mano del Creador, este nuevo año deberá ser mejor que el ya finalizado

Todos los días son propicios para reflexionar, repasar lo ocurrido, reconocer los aciertos y desaciertos, enmendar, perfeccionar y proponer nuevas metas. No obstante, no puede negarse que la finalización de un año y el inicio de otro, presenta una oportunidad única que a su vez genera de manera casi automática, un bienvenido afán por volver a comenzar y un resurgimiento de esperanzas olvidadas.

Ese sentimiento hay que aprovecharlo. En estos días hay que sacarle el máximo beneficio a toda la energía constructiva que flota en el ambiente, materializarla en ideas concretas y pasar --con nuestros propósitos-- del plano individual al colectivo. Primero en nuestras familias, luego en nuestros centros de trabajo y centros de estudio, más adelante a nuestros círculos sociales, religiosos, deportivos, gremiales, etc.

Y es que está muy bien el examen individual y el establecimiento personal de desafíos; es una realidad que el mundo se mueve por las aspiraciones personales. Pero lo que no puede pasar, sobre todo en un contexto como el nuestro, es que nuestra individualidad nos haga ciegos a nuestro entorno y no nos deje ver los problemas que día a día aquejan a nuestra sociedad. 

No podemos querer crecer si a la vez estamos rodeados de insatisfacción, miseria, enfermedad, inseguridad, corrupción y otros males que aquejan a nuestro país. No podemos querer corregir solo aquello que nos afecta directamente pues hasta en la corrección de yerros tenemos que ser solidarios.

En nuestro país, 2015 no fue un año fácil. Así sea que insólitamente se le quiera dejar en el plano de la percepción a esas frías y espeluznantes estadísticas de violencia que vemos todos los días, lo cierto es que la mayoría de salvadoreños hemos estado viviendo con el corazón en un hilo, atemorizados, escondidos, evitando realizar actividades que antaño realizábamos con toda naturalidad.

Este es un buen momento para revisar si individualmente hemos hecho lo que está a nuestro alcance por evitar que continúe esa escalada de violencia y para revisar si lo único que hemos hecho es descargar nuestros reclamos contra la ineficiencia de las autoridades. 

Por supuesto que no se trata de asumir una responsabilidad que no nos corresponde; las autoridades han fallado y eso es un hecho incuestionable. Más bien de lo que se trata es de revisar si nosotros mismos no estamos – con nuestras acciones u omisiones– favoreciendo un clima de intolerancia, de irrespeto o de marginación, que luego se traduzca en actitudes violentas y delictivas.

 Y eso comienza en nuestros hogares; con nuestros cónyuges, con nuestros hijos, con las personas que trabajan con nosotros, con nuestros vecinos y compañeros de trabajo. Es en el día a día, en las actividades más cotidianas, que podemos estar contribuyendo a alentar un clima de tensión que termina por desbordarse. Al conducir, al llegar a una oficina pública, al visitar un lugar de esparcimiento, al asistir a un evento deportivo, al interactuar en redes sociales, etc.

Lo mismo pasa con los demás problemas con los que nos ha tocado lidiar en 2015. No es sensato decir que ha sido el peor año en el pasado reciente, pero sí que podemos decir que el año que finalizó ha traído problemas de poco crecimiento, de falta de inversión, de falencias educativas, de enfermedades que no han podido ser controladas adecuadamente y de altos niveles de corrupción, entre los que más destacan.

Estos días invitan a reflexionar sobre nuestro rol en relación a cada uno de esos problemas, a plantearnos desafíos que en nuestros círculos de influencia permitan aportar a su erradicación, así como a corregir cualquier comportamiento que haya incidido directa o indirectamente en su proliferación o enquistamiento.
 
2015 ha finalizado y ya nada podemos hacer por tener mejores o diferentes resultados. Lo que ahora toca es usar nuestras renovadas esperanzas para dar paso al 2016, tener propósito de enmienda y proponernos juntos un mejor país que el que tuvimos; expresiones sentimentales que este tiempo las permite.

Como escribía el poeta Aguirre Fierro, todos juntos “digamos el requiescat por el año que ha pasado a formar entre los muertos ¡Brindemos por el año que comienza! Porque nos traiga ensueños; porque no sea su equipaje un cúmulo de amargos desconsuelos.

Si a nuestros buenos deseos unimos de inmediato nuestras acciones, si logramos que trasciendan colectivamente nuestros propósitos individuales y si todo lo hacemos de la mano del Creador, este nuevo año deberá ser mejor que el ya finalizado. ¡Qué así sea!
 

*Colaborador de El Diario de Hoy