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Diferencias entre campañas negativas y sucias

Los últimos doce años de mi vida profesional me desempeñé como vicepresidente de un grupo empresarial que tenía entre su portafolio el diseño de estrategias electorales, en diversos países. Mi especialidad, en lo particular, era la construcción de contenidos para discursos políticos, mensajes de prensa y la gestión de comunicación de crisis.

Durante esos años tuve la oportunidad de interactuar con grandes profesionales en esta rama como el mismo Dick Morris, quien fuera asesor del expresidente Clinton. Pero como ya relaté en otra columna, cansado ya por el enorme desgaste sicológico que implica diseñar campañas electorales en un país como el nuestro y deseoso de emprender aventuras empresariales más amables renuncié a continuar trabajando de manera profesional en campañas electorales.

Sin embargo, traigo hoy a colación el tema de las campañas negativas y sucias, como un columnista con experiencia en el tema por una sola razón: por ignorancia o estrategia, se ha querido establecer que toda crítica al candidato a alcalde de San Salvador por el FMLN es campaña sucia.

Pero hay una gran diferencia entre campaña sucia y campaña negativa. La primera se basa en mentir y difamar. La segunda es simplemente decir verdades incómodas del adversario. Las campañas negativas, de cada partido en toda democracia, tienen el propósito de informar al electorado quién es en realidad cada candidato.

Generalmente en el esquema de una estrategia electoral, la campaña positiva la hace una empresa determinada y la campaña negativa, que incluye el humor y la sátira, pero siempre diciendo la verdad, es manejada por otra empresa. Ello es así para evitar confusiones y lograr mayores niveles de eficiencia en la comunicación. Durante las campañas en las que participé, generalmente las campañas negativas, estuvieron a cargo de asesores extranjeros.

No deja de resultar irónico en estas elecciones, que el candidato que ha contratado como uno de sus más estrechos asesores a uno de los más célebres difamadores, se esté quejando de campañas sucias en su contra. El señalado de orquestar la supuesta campaña sucia es el columnista Paolo Lüers.

Pero Paolo, con quien no siempre estoy de acuerdo, firma sus cartas con su nombre y hasta pone su fotografía. Eso mismo es lo que yo hago tanto en el periódico como en mis cuentas de redes sociales. Sin embargo el difamador profesional, asesor del candidato a la alcaldía de San Salvador, no da la cara ni pone su foto, aunque todo mundo sabe quién es. La foto del "asesor" junto a su nuevo patrocinador se hizo viral en redes sociales (¡Qué foto más reveladora!).

Una psicóloga, amiga personal, quien analizó los tuits del mencionado "asesor" y su aspecto, llegó a la conclusión que quien así escribe, ataca, se expresa y se viste, sólo puede ser "un sociópata". Después de recibir una amenaza directa de este señor en mi contra, no lo dudo. Pero bueno después de haber soportado durante casi una década ataques aéreos con bombas de 500 libras, los tuits del "asesor" no me provocan ni siquiera enojo.

Ya dejamos claro qué es una campaña sucia. Ahora es importante señalar que, en medio de una campaña electoral donde los equipos de comunicadores describen a sus candidatos como un ramillete de virtudes o la última chupada del mango, las campañas negativas son relevantes porque permiten al electorado conocer datos de los candidatos que, de otra forma, nunca se conocerían. Datos verdaderos, por supuesto.

John Gray, catedrático de la universidad de Vanderbilt asegura que las campañas negativas son necesarias porque proporcionan información relevante y sustancial a los electores antes de ir a las urnas. Por lo tanto decir que el candidato del FMLN a la alcaldía de San Salvador, no tiene título universitario, no fundó ninguna empresa, fue propietario de lugares de dudosa reputación, que exagera lo que ha hecho en un pueblito no es campaña sucia: es la verdad. Y la verdad a veces duele, pero nunca es sucia.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com