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Diciembre, el mes de la Biblia

Por decreto legislativo el segundo domingo del mes de diciembre de cada año ha sido declarado en nuestro país el Día de la Biblia. De ahí la base para extenderlo al mes y expresar que en diciembre nos encontramos en el mes de la Biblia. ¿Por qué un libro debe ser reconocido de esa manera por un Estado laico? Sin duda, es por el lugar que ocupa en la cultura salvadoreña.

Ese lugar responde al profundo significado que la Biblia representa para la mayoría de ciudadanos. Si bien la palabra Biblia viene del griego biblion, que significa "rollo" o "libro", tal como la utilizamos hoy tiene una connotación mucho más significativa que en el griego, ya que se refiere al libro por excelencia, la revelación de Dios al hombre. Es el libro sagrado de los cristianos.

Para los católicos, al lado de la tradición, la Biblia debe ser recibida como el depósito de la fe. Para los protestantes contiene todo lo que es necesario para la salvación y las creencias que no se encuentran en ella no deberían recibirse como artículos de fe.

Para los evangélicos la Biblia es considerada como la regla única de fe y práctica. Existen diferencias en la valoración que se atribuye a la autoridad que se le reconoce a la Biblia en cada confesión cristiana. Pero, en todas ellas constituye el punto de partida para la vida, teología y misión de las iglesias.

La Biblia jugó un papel fundamental en el amplio arraigo que las iglesias evangélicas han logrado en Latinoamérica. La norma general era que el acceso a la Biblia era primero y, detrás de ella, venían los primeros misioneros. No era raro que donde se distribuía la Biblia surgieran pequeñas comunidades evangélicas.

El Salvador no fue la excepción. Francisco Penzotti, de nacionalidad italiana, llegó a nuestro país en 1893 para vender Biblias de casa en casa. La llegada de Penzotti se produjo aprovechando un pequeño espacio que algunas reformas de tipo liberal habían abierto en el país.

El hábito de la lectura no ha sido una fortaleza de los salvadoreños. Mucho menos cuando se debe adquirir lo que se leerá. Sorprende, entonces, la acogida que la Biblia recibió. Fue tan exitosa que Penzotti abrió una casa en San Salvador para predicar el evangelio, lo cual, iba más allá de lo que era su misión.

Posteriormente en 1896 llegó al país Samuel Purdie, quien no conocía a Penzotti, y cuya misión era establecer las primeras iglesias evangélicas. Purdie era un misionero que había trabajado por espacio de 25 años en México donde había fundado escuelas, iglesias y una imprenta.

Su papel fue esencial en el establecimiento de las primeras iglesias permanentes en medio de un ambiente de fuerte hostilidad religiosa. Las primeras iglesias de la Misión Centroamericana abrieron el espacio para que los primeros cristianos evangélicos comenzaran no solamente a leer la Biblia, sino a interpretarla por sí mismos y a compartirla.

Los pastores comenzaron a utilizar, para la presentación de su mensaje, la narrativa popular oral en lugar de la conceptualización teológica que podía resultar incomprensible para la población.

La apelación a la literalidad de las Escrituras resultó muy convincente y eso fue ubicando a la Biblia en su lugar preferente de autoridad que ocupa hasta el día de hoy.

* Colaborador de El Diario de Hoy.