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En el día de nuestras dos madres

Cuando vemos tanta desgracia a nuestro alrededor, provocada principalmente por la maldad, es necesario recordar que somos seres trascendentes, por la gracia de Dios; que nuestro paso por esta vida es efímero y, por consiguiente, debemos preocuparnos más por la vida que sí perdurará, después de nuestra muerte terrenal.

Y qué alentador tener la plena conciencia de que no caminamos solos, que Dios nos ha proveído de una madre a quien acudir en todo momento, una madre que escucha, atiende y resuelve. Nada más apropiado y consolador en el mes de mayo, dedicado a María, nuestra Madre, que hablar de Ella.

Es natural que, siendo asuncionista, tenga especial devoción a la Virgen María. Por eso procuro leer siempre acerca de Ella, encontrando a diario infinidad de artículos y devociones que se le relacionan. Recientemente, en el periódico digital Religión en Libertad, encontré uno de Juan del Carmelo (seglar, empresario de éxito que escribe bajo ese nombre) cuyo título me sorprendió: "Segundo Dogma Mariano pendiente".

¿Pendiente? ¿Cómo así?

Aunque los católicos sabemos qué es un dogma, para quienes no lo son traslado el párrafo inicial del mencionado artículo: "Ni la Iglesia ni el Papa pueden suprimir un solo dogma…, como tampoco pueden crear otros nuevos. Cuando el Papa define una verdad como dogma de fe, no crea un nuevo dogma. Simplemente se limita a garantizarnos, con su autoridad infalible --que no puede sufrir el más pequeño error, porque está regida y gobernada por el Espíritu Santo-- que esa verdad ha sido revelada por Dios. Los dogmas forman parte de la Verdad, de esa Verdad de la que el Señor nos dejó dicho: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí".

Dicho lo anterior, sabemos que hay solamente cuatro dogmas marianos: Dogma de la Virginidad de Nuestra Señora. Dogma de la Maternidad divina de Nuestra Señora. Dogma de la Inmaculada Concepción. Y el más recientemente promulgado: Dogma de la Asunción. Entonces, ¿cuáles faltan?

Según lo expresa del Carmelo, para muchos teólogos existen dos dogmas que todavía no han sido declarados, pero lo serán: El dogma de María intercesora universal de todas las gracias divinas y el de María corredentora nuestra en la obra de Redención de su Hijo Cristo Jesús.

Los devotos de María no necesitamos que esos dogmas sean proclamados para sentir, desde siempre, las razones que los teólogos aducen para ello: nuestra Madre celestial es como el acueducto por medio del cual se distribuyen todas las divinas gracias que tan necesarias son en el desarrollo de nuestra vida espiritual. Esto lo comprobamos a diario, sintiendo su consuelo maternal que nos transmite fortaleza.

El otro dogma pendiente de su declaración, es el de María corredentora nuestra en la obra de Redención de su Hijo Cristo Jesús, "porque sin el "fiat" de nuestra Madre celestial, estaríamos a la espera de ser redimidos de las cadenas del infierno", añade del Carmelo.

Mañana celebramos el Día de la Madre. Y cuántos niños que quedaron huérfanos siendo muy pequeños, encontraron en María el calor maternal que tanto necesitaban. Un ejemplo reciente, conocidísimo y conmovedor, es el de San Juan Pablo II.

Celebremos y bendigamos, juntas, a la madre que nos dio el ser y a María Santísima, porque ambas están eternamente unidas en cada uno de nosotros.

*Columnista de El Diario de Hoy.