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El Día del Agua… no bastan intenciones

La ONU estableció el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua, un importantísimo día que lamentablemente pasa inadvertida para muchos, incluyendo las políticas públicas de una gran cantidad de países. En El Salvador se necesita tomar conciencia del tema, especialmente porque estamos obligados a conocer y proteger las cuencas que posibilitan los mantos acuíferos de agua potable, ya que somos uno de los países más desertificados del continente.

Deberíamos desarrollar programas y proyectos de protección de las cuencas, los mantos acuíferos, la biodiversidad, los suelos, y otros ambientes ligados a la producción de agua potable, comprometiendo a las instituciones relacionadas, los productores y la sociedad en general en una agricultura ambientalmente amigable y positiva.

La protección de las principales cuencas, como el Río Lempa, Río Grande de San Miguel, el Jiboa, el Río Paz, entre otras, es vital para mantener el suelo fértil, la biodiversidad y los mantos acuíferos suficientes para la población creciente y el abastecimiento hídrico de los principales centros urbanos. Importante será crear un programa de incentivos con participación público-privada en las zonas rurales, para obras de protección del suelo con barreras vivas y muertas. Ideal sería implementar una masiva reforestación con árboles maderables, frutales o con palma africana, en el marco de la revisión de la Ley General Forestal y contar con una Ley General de Agua aprobada por consenso de todos los sectores.

La reducción del área boscosa ha sido ocasionada por los ciclos históricos de producción agrícola, que empezaron con la explotación del añil y continuó con el café y el algodón. Además se sumó la presión demográfica que sobrepasa los 300 habitantes por kilómetro cuadrado, ocasionando una demanda de leña para cocinar y tierra para fines agrícolas. A lo anterior se suma la deuda del sector forestal que se acumuló desde la dolarización. Cabe destacar que la falta de la cobertura boscosa propicia la incidencia de los fenómenos naturales que provocan deslizamientos de tierras, inundaciones y la pérdida de suelo fértil.

Así mismo, la ausencia de incentivos y de un marco regulatorio que dinamice el sector forestal afecta de manera negativa su producción, al punto de que el 80% de la madera que se consume en El Salvador es importada de Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Según el Ministerio de Agricultura (MAG), somos el país con mayor deforestación a nivel centroamericano. La extensión de bosque, incluyendo manglares es de aproximadamente 2,665 km2, que equivalen al 12.6% del territorio. Nuestro bosque apenas corresponde al 1.1% del bosque regional.

De acuerdo con el Banco Central de Reserva de El Salvador, la silvicultura aporta un promedio anual del 5% del Producto Interno Bruto Agropecuario.

Los programas y proyectos del MAG, deberían llevar un componente de protección de los recursos naturales, implementando esquemas de incentivos a los agricultores por obras realizadas. Estos incentivos se deberían de pagar con insumos para la producción agrícola, pecuaria, forestales o pesquera, buscando la diversificación agrícola. En esta medida, el sector público con el sector privado, deberían unir esfuerzos para implementar acciones que busquen la protección del medio ambiente y el desarrollo de actividades de responsabilidad social empresarial.

No solo se requiere celebrar una fecha específica de un día tan importante como lo es El Día del Agua, se debe además actuar con políticas concretas. El MAG debería elaborar un estudio sobre la situación actual de las bordas en los principales ríos para identificar las obras de protección que son necesarias. Dar mantenimiento y construir para incorporar en el Plan de Inversión del Gobierno e iniciar antes que comience la época de invierno y así, el próximo 22 de marzo del 2016, tengamos algo que celebrar.

*Colaborador de El Diario de Hoy.