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Detrás del gran robo, una gran confusión

El gobierno, en vez de invitar a los mejores expertos en sistemas previsionales a una mesa técnica, provoca una discusión donde se movilizan todos los miedos de los cotizantes

El hecho que el gobierno tiene al país por medio año en una discusión permanente sobre el futuro de las pensiones, pero hasta la fecha jamás ha dicho claramente lo que quiere hacer con su reforma, es una aberración. Por falta de elementos concretos y técnicos, la discusión automáticamente se desliza al campo ideológico.

Y comienza una especie de guerra religiosa entre la secta que hace culto a lo estatal y la otra que idolatra todo lo privado. Obviamente, así nunca llegaremos a un acuerdo  sobre el problema de las pensiones. Tal vez esta sea la intención: imposibilitar acuerdos para preparar el asalto.

Este tema, o se discute de manera técnica, con números, o se habla paja. El gobierno, en vez de invitar a los mejores expertos en sistemas previsionales (tanto nacionales como internacionales) a una mesa técnica, provoca una discusión donde se movilizan todos los miedos (fundados e infundados) de los cotizantes, y todos los resentimientos que en la sociedad existen sobre el tema. 

Todo indica que detrás de esta cortina de humo de una discusión irracional, que además crea la sensación de una gran crisis y los correspondientes miedos existenciales, de repente intentarán pasar por la Asamblea una reforma inconsulta. Todo indica que el verdadero interés (y la urgencia) no es resolver a largo plazo el sistema de pensiones, sino sanar a corto plazo un problema fiscal que el gobierno ya no sabe enfrentar de otra manera. O sea, pasar al gobierno los fondos ya ahorrados en el sistema privado de pensiones, reflejados en cuentas personalizadas de cada cotizante – e igualmente buena parte de las futuras cotizaciones. Estos entrarían al gobierno y le resolverían su problema de flujo de efectivo.

La única manera de evitar esto y las subsiguientes tensiones políticas y sociales que causaría este nacionalización disfrazada, es el análisis técnico, libre de prejuicios ideológicos y pretextos políticos. Para esto se necesita crear una mesa técnica con participación de gobierno, empresa privada, sindicatos y expertos.

Lo primero que tendría que hacer una mesa técnica es separar limpiamente el problema de las pensiones del problema fiscal del gobierno. Son dos cosas que no se deben mezclar. O sea, una reforma de pensiones hecha con la intención (y necesidad urgente) de resolver el problema fiscal del gobierno está condenada a fracasar.

Pero hay que hacer otra separación, con todo rigor técnico: una cosa es ver cómo mejoramos y hacemos sostenible el sistema ahorros de pensiones, para que al final salgan las pensiones más altas posibles. Este problema tiene que ver con la administración de los fondos de pensiones, con la edad de jubilación, y con el calculo correcto y justo de las cotizaciones mensuales.

Otra cosa es lo que el gobierno llama ‘pensión universal’. Esta idea de que el Estado  garantice a cada ciudadano que a cierta edad reciba una pensión, independientemente si ha cotizado y cuánto ha cotizado, no es asunto del sistema de pensiones. Ninguna reforma al sistema de pensiones puede lograr esto. Es un asunto de política social. En mi criterio, de paso sea dicho, un asunto legítimo. Pero hay que tener claro que esto jamás se puede financiar de los fondos de ahorros de pensiones, esto es un proyecto social que tiene que financiarse con impuestos. En este modelo todo ciudadano que no ha cotizado suficiente para aspirar a una pensión digna, sea porque no ha trabajado suficientes años, o porque no ha tenido suficientes ingresos, tendrá derecho a una pensión mínima financiado por la sociedad en su total. O sea, no por los cotizantes del sistema de pensiones, sino por los contribuyentes de impuestos. Si estamos dispuestos a pagar unos puntos adicionales de IVA, dedicados a financiar esta pensión estatal universal, sería un enorme avance. Yo personalmente estoy a favor de una política de este tipo.

Lo que no se puede hacer es mezclar esta pensión estatal con el sistema de ahorro de pensiones. Este sistema, bien administrado y sin tener que subsidiar al gobierno, podrá garantizar que quien cotiza toda su vida, al final tendría una pensión digna. Pero no puede subsidiar la pensión de los sectores (ahora mayoritarios) que o son informales, o trabajan en alguna forma de subempleo. A esto tiene que responder la sociedad entera, con impuestos. 

Sobre estos dos sistemas hay que instalar mesas técnicas, para llegar a soluciones técnicas. 

Y sobre el otro problema, la crisis fiscal del país creada por los últimos tres gobiernos, también urge una discusión más técnica y menos ideologizada. Pero por favor, separada de la reforma del sistema de pensiones.
 

*Columnista El Diario de Hoy.