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Despertemos al gigante

Ya lo sé, estamos sumidos en un desastre; somos víctimas de todo: De los malacates, de los diputados pata de chucho, de la "chiki" y el dengue, de las medicinas caras o inexistentes, del "NOTRAMS", de la incertidumbre e incompetencia, y de un largo etcétera, que no vale la pena recordar, pues todos lo estamos viviendo.

A veces sentimos que El Salvador sólo tiene dos salidas: El aeropuerto, para los afortunados con pasaporte, y el rio Paz, para la mayoría. ¿Balsas? "Wechos", pues el Pacífico, entre Acajutla y Los Ángeles, está lleno de tiburcios.

Es difícil ver el vaso salvadoreño medio lleno, más aún, si seguimos machacando lo malo que nos castiga.

¿Qué les parece si mejor suavizamos el lamento, y buscamos un camino para el aliento?

Propongo despertemos a un gigante dormido llamado Orgullo Nacional. Vamos saliendo de nuestras fiestas patrias, cada vez más insípidas. Los mismos actos de siempre, los políticos de turno, sonriendo en guayabera, y luciendo sus nuevas naves todoterreno en el Flor Blanca.

Pero lo que más tristeza me dio, fue que apenitas se sintió nuestra bandera, clara evidencia de lo dormido que está don Orgullo.

Añoro el día en que despierte el gigante del Pulgarcito, un país tan chiquito, que sus pies tocan Nicaragua, su cabeza Guatemala, y su mano zurda Tegucigalpa.

En el corazón de América Central, donde nos despertamos con amaneceres espectaculares, bajo un cielo cuyo naranja en pocos minutos se transforma en los colores de nuestra bandera.

País favorito entre los surfers por unas olas de macho, y entre los hermanos lejanos de "green card", porque calientan su corazón y su panza con el amor y sazón del hogar.

Añoro el día en que también despierten las recetas de las abuelas, y se embellezca nuestra comida tan sabrosa. Cuando los chefs mundiales paguen caro por el loroco y el "alguashte" salvadoreño, las delicatesen de moda. Cuando el Chichimeco, nuestro trago nacional, se incorpore, junto a la Margarita, la Caipiriña y el Pisco Sour, a la selecta lista de bebidas latinas.

Un día en que empecemos a decir que no hay clima como el nuestro, playas como las nuestras, comida como la nuestra, mujeres como las nuestras. "Lo único que no hay como los nuestros son los políticos", me sopla un periquito parado en mi hombro. "Calláte Paco, de eso no se escribe hoy".

Que cuando despierte "el don", nuestro país infle su pecho, para que cuando salga a bailar El Salvador en la arena mundial, finalmente ya no se hable de guerra y de maras, sino de todo lo bueno que nos rodea.

Jóvenes diseñadores, artistas, artesanos, arquitectos, chefs, músicos, deportistas, publicistas: Tenemos que lograr que los salvadoreños nos pongamos la camiseta en muchas ocasiones más, no sólo cuando juega la Selecta.

Denlen rienda suelta a su imaginación, y alas a aquellas creaciones que den de que hablar, las que nos hagan realmente únicos, especiales.

Dejemos de andar mirando el mundo y voltiemos a ver a nuestro país, y como sus orgullosos embajadores, logremos que se fijen en nosotros los inversionistas, los turistas, los surfers, los chefs y los bartenders.

Que nuestros hermanos lejanos no dejen de venir, con sus parejas y sus hijos, a compartir la buena vibra del Pulgarcito gigante.

En nuestras manos está. ¡Démosle!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com