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Despacio que voy de prisa

 No hay manera de mitigar la violencia a corto plazo. Se debe ser honesto con la ciudadanía para que comprenda que se trata de un proceso complejo y que demanda paciencia.

Al hacer el nombramiento del nuevo Ministro de Justicia y Seguridad así como del nuevo Director de la Policía Nacional Civil, la presidencia de la república justificó los cambios frente a la necesidad de “velocidad, respuesta, resultados”. Aunque no se hizo una declaración directa, entre líneas, era evidente que también había una exigencia para producir cambios a un plazo corto. Algo así como en un año, supondría uno. La premura en el tema del tratamiento de la violencia es peligrosa dado que puede llevar a las personas a buscar atajos en una tarea que no los tiene. La presión produce un sentimiento de impotencia frente a tanto trabajo por realizar y en tan corto tiempo. Eso puede estimular al uso de recursos fuera de ley, tales como las detenciones arbitrarias, las desapariciones y las ejecuciones sumarias. Todo eso al alto costo de la pérdida de la institucionalidad, el respeto a los derechos fundamentales de las personas y la desnaturalización del carácter con el que fue creada la Policía Nacional Civil.

No se puede mitigar el problema de la violencia mientras no se mitiguen las raíces que la producen. El pensar que todo el problema de la violencia se origina en las mentes de un grupo de siniestros cabecillas de pandillas que deben ser encarcelados o eliminados es no comprender la naturaleza del mismo. La violencia se produce como resultado de las profundas condiciones de exclusión a la que están sometidos millones en el país. Eso no tiene nada que ver con que se encarcele o elimine a los cabecillas de pandillas. Las condiciones de desarraigo y desesperación continuarán produciendo nuevos reemplazos en una estructura de dirección que ha sido diseñada para la rotación perpetua. Por otro lado, la teoría de que hay que dar un golpe desarticulador a las pandillas para crear el ambiente para la implementación de acciones de prevención es también dejar de lado la dinámica de la violencia. A mayor fuerza y arbitrariedad se ejercen, mayor es el sentimiento de humillación y desarraigo y, como resultado, se engrosan las filas de los que optan por la violencia. En la medida que se permiten los abusos, o se adoptan como medida de seguridad, mayor cantidad de personas inocentes son afectadas y se va perdiendo la batalla por el favor ciudadano.

Si el plan de trabajo de los nuevos titulares de seguridad va encaminado en la dirección del abandono de los protocolos, los resultados se pueden visualizar en su primer mes de gestión. Enero terminó con el mayor índice de homicidios mensual de los últimos doce años con la sola excepción del mes de agosto de 2015. No hay duda que no se puede combatir la violencia usando la violencia. Esto no significa que se deban abandonar los esfuerzos represivos. De ninguna manera, pero los mismos deben ser efectivos y, para que lo sean, deben estar basados en una investigación científica, en procedimientos legales y en el respeto al marco democrático. No hay manera de mitigar la violencia a corto plazo. Se debe ser honesto con la ciudadanía para que comprenda que se trata de un proceso complejo y que demanda paciencia. La prisa es mala consejera. Me hace recordar el pequeño cartel que mi padre solía tener sobre su escritorio: “Por favor, tenga paciencia. Mientras más me apuro, más me atraso”.
 

*Pastor general iglesia Elim.