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Desinversión en patrimonio natural es igual a destrucción

Provocado por los tres extensos reportajes que este medio periodístico ha publicado recientemente, relacionados con la situación paupérrima de las áreas naturales de nuestro país, es que me he animado a escribir este artículo, no con el objetivo de corregir el rumbo equivocado por parte de las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), de hecho incorregible a estas alturas del quinquenio, si no que más bien para provocar a las ONG de medio ambiente, en particular a las ONG comanejadoras de áreas protegidas, para que tripliquen sus esfuerzos en la gestión de recursos para salvaguardar el patrimonio natural de la nación.

Pero también lo escribo con el deseo de provocar a las embajadas y agencias de cooperación amigas, a que induzcan, siempre bajo la vía diplomática, a este Gobierno así como al siguiente, para que se busquen y adopten mecanismos financieros creativos y que provengan idealmente de fuentes nacionales, para el debido fortalecimiento del sistema de áreas naturales protegidas de El Salvador.

El ejemplo de las áreas naturales El Caballito y Los Cóbanos, muy bien expuesto en los reportajes de El Diario de Hoy, representa claramente las consecuencias de desatender las necesidades de operación requeridas por estas áreas protegidas. Ahora bien, debido a su tamaño y por su riqueza biológica, no puedo evitar destacar el ejemplo de desinversión en el Parque Nacional El Imposible, durante estos últimos cuatro años de Gobierno, ya que de 25 guardaparques con que contaba el Parque en 2008, ahora sólo cuenta con nueve. De estos, cinco son pagados por el Gobierno y los restantes cuatro los cubre la ONG comanejadora, SalvaNATURA. Esta situación se refleja ahora en una cacería descarada, nunca antes vista durante el período de 1991 al 2008, y que raya al borde de lo ridículo precisamente por la inacción de las autoridades. Estamos hablando de serios atentados a la Ley de Conservación de Vida Silvestre y a la Ley de Áreas Naturales Protegidas.

Parte del problema a nivel nacional es que la mayoría de las ONG comanejadores de áreas protegidas fueron afectadas en sus finanzas por la decisión del MARN, de reorientar los recursos del FIAES hacia otros ejes prioritarios. Acá se vino abajo uno de los financiamientos principales con que contaban las ONG para pagar los sueldos de guardaparques. Los resultados están a la vista, no sólo con la fuerte cacería dentro de las áreas protegidas, sino que con esa gran cantidad de incendios forestales que se dieron en estos primeros 5 meses del año y que arrasaron con gran parte del patrimonio natural del país.

Está claro que el tema de conservación de áreas naturales y biodiversidad no es una prioridad para el Gobierno del Presidente Funes y la reciente Estrategia Nacional de Biodiversidad, lanzada hace un par de semanas, lo confirma de manera tajante, no sólo al hacer caso omiso de la Estrategia anterior, un documento que tomó casi dos años de preparación y que es considerado como una estrategia modelo en Centroamérica, sino que por no reconocer la importancia de las áreas naturales como bancos genéticos, como zonas núcleo proveedoras de servicios ambientales (incluyendo la generación de agua), como zonas que contribuyen a mitigar riesgos climáticos y como zonas que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales.

Más que una visión de la gestión de la biodiversidad enfocada en el paisaje agrícola, como es la visión actual del MARN, se requiere de una visión holística y de largo plazo para incorporar a las áreas naturales y la gestión de la biodiversidad en los planes de desarrollo. Ignorarlas y desinvertir en ellas refleja un desconocimiento profundo acerca del papel que las áreas protegidas y los bosques juegan en la sociedad, particularmente en este momento donde se está impulsando un anteproyecto de Ley del Agua.

Al respecto, es irónico que Naciones Unidas, incluyendo a la FAO, esté promoviendo este año la importancia de la conservación de estos espacios naturales y los bosques en particular, para garantizar la provisión de agua. Es obvio que al desinvertir en las áreas naturales y en la gestión sostenible de los pocos bosques con que cuenta nuestro país, incluyendo el parque cafetalero, se agravarán los problemas de suministro de agua con serias consecuencias para la agricultura, la seguridad alimentaria y el desarrollo económico y social en general.

*Miembro del Directorio de Paso Pacífico Nicaragua y ex -director ejecutivo de SalvaNATURA.