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Desarrollo inclusivo y desarrollo humano

Con motivo de la celebración del 80 aniversario de relaciones diplomáticas entre El Salvador y Japón, el exembajador Dr. Akio Hosono, pronunció recientemente una conferencia en la que compartió algunas de las ideas sobre las que se fundamenta la cooperación japonesa para el desarrollo que son de mucha utilidad para nuestro país.

Una primera idea, destacada por el embajador Hosono es que, a pesar de sus diferencias de tamaño, El Salvador y Japón presentan varios desafíos comunes, tales como: una alta densidad demográfica, escasez de recursos naturales y energéticos, reducida disponibilidad de tierra cultivable y una alta exposición a amenazas de desastres naturales (huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, etc.) que los colocan entre los países de mayor vulnerabilidad en el mundo

La segunda es que esas dificultades, más que una fatalidad, constituyen una oportunidad para que los países aprovechen al máximo los activos más importantes para su desarrollo, los cuales son: el talento, la capacidad de aprendizaje, la capacidad creativa e innovadora, las experiencias y los conocimientos de la población.

La tercera, es que para tener éxito en la carrera hacia el desarrollo es necesario tener un concepto claro del mismo. En el caso de Japón, el concepto utilizado es el de desarrollo inclusivo, el cual es bastante similar al de desarrollo humano. El desarrollo humano parte de tres premisas básicas: 1) que el desarrollo es para la gente (el objetivo del desarrollo son las personas), 2) que el desarrollo se logra desarrollando la gente (para lograr el desarrollo hay que expandir las capacidades de las personas) y 3) que el desarrollo lo hace la gente (es la gente quien hace el desarrollo). De manera similar, el concepto de desarrollo inclusivo parte de tres premisas: 1) todos participan, 2) todos se benefician y 3) aprovechar el talento, conocimiento y capacidad de todos a su máximo posible. Sostiene, además, que cuando estas tres premisas se combinan, se asegura que haya crecimiento económico y que, simultáneamente, se reduzca la pobreza hasta erradicarla.

La cuarta idea, es que el logro del crecimiento inclusivo se requiere de una estrategia basada en tres pilares. El pilar uno consiste en la creación de un entorno favorable para el crecimiento y la expansión de oportunidades económicas. Dentro de este pilar se incluye la construcción de una red de infraestructura en sectores clave tales como: carreteras, puertos, aeropuertos, sistema eléctrico, telecomunicaciones, aduanas, sistema de agua y saneamiento, entre otros. Incluye, además, la creación de un sistema de innovación tecnológica con la participación del Estado, las universidades y la empresa privada. El tercer componente de este pilar es la disponibilidad de un sistema de innovación institucional que permita al Estado revisar las normas y regulaciones, con el propósito de proteger el interés general y de mejorar, de manera simultánea, el clima de inversiones. El pilar dos consiste en la inclusión social para asegurar acceso equitativo a las oportunidades. Para ello es indispensable garantizar el acceso universal a bienes y servicios de calidad en ámbitos que son claves para el desarrollo de los talentos y capacidades de las personas, tales como educación, salud, vivienda y un hábitat adecuado. Finalmente, el pilar tres consiste en garantizar el acceso de toda la población a redes de seguridad social. Esto, dentro del enfoque de desarrollo humano, se logra a través de la universalización del trabajo decente, el cual supone la existencia de empleos suficientes (posibilidades de trabajar), remuneración adecuada (en metálico y en especie), seguridad en el trabajo, acceso a las redes de seguridad social, condiciones laborales salubres, seguridad en los ingresos y libertad de sindicalización.

Dentro del planteamiento desarrollado por el embajador Hosono, junto a estos tres pilares, para ser exitoso en lograr un crecimiento económico de alta calidad que reduzca la pobreza, también es necesario contar con una buena gobernanza y con instituciones que funcionen. Para ello, entre otras cosas, es indispensable asegurar que el Estado cuente: 1) con un sistema sólido de planificación que defina claramente las apuestas productivas, las estrategias y las políticas en las que se sustentará el crecimiento económico; 2) con una burocracia profesional, tecnificada y comprometida que desempeñe sus funciones con eficacia, eficiencia y honestidad; y 3) con la capacidad de lograr acuerdos políticos que le permitan hacer las reformas y liberar los recursos para impulsar los cambios y transformaciones requeridas.

*Economista Jefe del PNUD.