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La derrota mundial de la FIFA

La corrupción en la FIFA (Zurich, Suiza) se viene señalando desde hace más de cincuenta años y no constituye novedad, la verdadera novedad es por qué hasta ahora se ha destapado la olla. ¿Ha surgido un nuevo grupo de interesados en los altos cargos que también desea disfrutar de la piñata? ¿Será que realmente se avecina un verdadero movimiento de depuración y renovación? ¿Existen otros tipos de presiones que se conocerán en los próximos días?

Llama la atención que el expresidente Joseph Blatter, al menos hasta ahora, ha salido en caballo blanco a pesar de ser el responsable de lo que ocurre en la organización. Sus declaraciones hasta hace pocos días no se diferencian mucho de las de algunos directores de centros penales criollos, que al ser preguntados sobre las prebendas y beneficios a los reos, contestan que no tienen mayor conocimiento sobre esos hechos.

La explicación plausible de la corrupción en la FIFA que por cierto se repite en muchas áreas de la vida moderna como en la política, la farándula, administración pública, certámenes internacionales de belleza, etc., es la existencia de ese sórdido espíritu de lucro y especulación que ha encontrado en el desorden y libertinaje de la actualidad, circunstancias nunca imaginadas para hacer negocios y acumular caudales. Y si alguien denuncia la regla es hacerse los gatos bravos y no proporcionar información atenidos a que las cosas se olvidan a la vuelta de unas semanas y no pasa nada.

Así como no existen ideales revolucionarios porque todo se concentra y explica desde la óptica de la ambición desmedida por el poder, el pluralismo, la inclusión y la justa distribución de la riqueza no constituyen más que "pajística" piadosa para engañar incautos, lo mismo ha ocurrido con el fútbol. No hay tales de promover el desarrollo de este deporte en los países del mundo, se trata solamente de un pretexto para justificar el enorme tráfico de intereses económicos.

 El fútbol de alto nivel es un espectáculo más cercano al negocio que al deporte propiamente dicho, naturalmente los empresarios que invierten en el negocio lo hacen para obtener rentabilidad, no para perder. Y como toda actividad que genera ganancias fáciles invariablemente atrae corruptos, amañadores, mafias y otras lacras.

Como lo señalan algunos psicólogos clínicos, el deporte deformado y contaminado incentiva el surgimiento de patologías sociales como los "hooligans" en Inglaterra y para no ir muy lejos, las "barras bravas" y las "furias" de varios colores para quienes las trifulcas y los actos vandálicos constituyen conductas normales. También se ha citado la promoción de los antivalores, véase por ejemplo la nominación de un estadio con el nombre de un futbolista que se destacó en el extranjero, cuando existen muchos nombres de salvadoreños realmente notables y brillantes.

Lo que ocurre en la FIFA en realidad no debe extrañar a nadie porque es lo que observamos por todos lados. En esencia se trata de un grupo de vivos con ambición por el dinero y los bienes materiales que se aprovecha de la ingenuidad de muchos, en forma similar como sucede con algunas organizaciones cívico políticas cuyas cúpulas hablan de crepúsculos arrebolados y atardeceres de ensoñación mientras los de abajo son utilizados, viven y soportan la realidad. El verdadero fútbol probablemente es el que se practica en los caminos vecinales, en los predios y en las canchas improvisadas donde no pocos se divierten y se fajan de verdad a cambio de nada.

*Dr. en Medicina.

Colaborador de El Diario de Hoy.