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Derribando muros en Berlín

Calificar a Boston quiere decir que sos parte de la creme de la creme del mundo de los corredores.  Significa que estás alambrado con determinación, enfoque y disciplina

El último domingo de septiembre, la puerta de Brandemburgo, ícono de Berlín, Alemania (no Usulután), se ensanchó cuando el atleta cuscatleco-germano, Diego Alfaro Bornitz, pasó zumbado atrasito de los kenyanos.


Alfaro, de 24 años, superó obstáculos y corrió como gacela, para alcanzar la marca que lo calificaría a la maratón de Boston, la joya de la corona en la órbita de las seis maratones más famosas del mundo.

 Y lo logró con creces. Paró el reloj, de la maratón de Berlín, al cruzar la meta de los 42 kms 195 metros, en 3 horas 1 minuto 13 segundos, exactamente 13 minutos debajo de su antiguo record personal de 3:14:13, afianzado en Berlín el año pasado.

En Berlín, por el sistema de lotería, logran entrar 42k corredores, de los cuales tiran la toalla unos 5k. Junto a Boston, Chicago, New York, Londres y Tokio, es una de la media docena del World Marathon Majors, que reparten una bolsa millonaria, entre los primeros tres lugares de cada sexo. 

Es más, o igual de plana que Chicago y más, o igual de alegre que New York, gracias a  1 millón de gargantas que te inyectan adrenalina, y a unas 25 orquestas de todo género musical. ¡Bailandoooo, Bailandooo!

En el 2012 tuve una experiencia de vida, al introducir a mi hijo Diego al mundo de las endorfinas, pasando la meta de Berlín, agarrados de la mano, en 3:27:59. Tres años más tarde, el junior logra el sub 3:05 tiempo que, según su edad, necesita para Boston.

Calificar a Boston quiere decir que sos parte de la creme de la creme del mundo de los corredores.  Significa que estás alambrado con determinación, enfoque y disciplina. Que el “qué hueva” no existe en tu vocablo. Que has cambiado el patín por la magia del amanecer.

Es sentir una indescriptible satisfacción de misión cumplida, después de 16 semanas de cayos, sudor y lágrimas. “El entreno paga” afirmó el atleta Alfaro vía Skype, con medalla en el pecho y ein groBes  bier en la mano, frente al Riechstag alemán.

Gracias a la tecnología, sus orgullosos papás, con dedos cruzados y manojos de nervios, seguimos, de este lado del charco,  los pasos de nuestro admirable primogénito.  ¡Derribaste muros Batman!

Le paso la guitarra a Batman para que les cuente su montaña rusa de emociones:

Todavía un poco acelerado y emocionado, por sentir ese tan adictivo y a veces doloroso coctel de endorfinas. Si solo pasar la meta te hace regresar, bajar 13 minutos de un año para otro, ¡ni les cuento!

Desayunando temprano en un hotel topado de corredores, muchísimos ticos y chapines, pero pocos salvadoreños, lástima. Ojalá pronto seamos más en carreras así de grandes.

Luego a caminar de Potsdamer Platz al Branderbuger Tor, en una marea de corredores y una energía que se te pega. 20 minutos para estirar y repasar en la cabeza la estrategia de la carrera, antes de entrar al corral. Excelente puesto a unos 20 metros de la salida. El clima perfecto, entre 9 y 15 grados.

Suena el pistolazo, vuelan miles de globos. Adrenalina pura, hora de trabajar. 10kms intentando no ir más rápido de lo planeado, 21km, on schedule,  en 1:30:06. Súper entero y disfrutando la carrera. 27km, cargado de las piernas por lo que decidí  aún no atacar. En el 32 comienza la maratón. Con un grupo de corredores, soltamos la bestia. No nos dijimos nada, pero con un par de miradas ya estaba todo entendido.

Una anécdota me sirvió de terapia mental. Me acordé de una vez, aún de noche,  cuando hacíamos pasones en el Flor Blanca, y solo se escucha:

“¡Zaaanganoooo, las tortugas no llegan a Boston!”. Era mi papá gritándole a mi tío que iba a paso de anciano.

Me despido molido pero súper contento, porque conseguí la visa para  empacar maletas para Boston.
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.
calinalfaro@gmail.com