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Depende

El Salvador de hoy, es un país donde las posiciones y opiniones de gobernantes, una buena cantidad de políticos y sus fanáticos, están contagiadas de relatividad extrema. Cualquier acción u omisión, está sujeta a ser evaluada a través del lente que mejor se adapte al interés particular del instituto político con que dicha persona comulgue. Es decir, hoy en día todo es relativo y por ende excusable, siempre y cuando lo haga uno de los míos. 

Como máximo exponente tenemos al FMLN, el cual fue en su momento, una agrupación armada que supuestamente luchaba entre otras cosas, por conseguir que en el país imperara el Estado de Derecho. Es decir, que los poderes del Estado fueran independientes y, como consecuencia, existieran los pesos y contrapesos que rigen las verdaderas democracias. Pero ahora que están en el poder, la realidad es muy distinta, les resulta incómodo que la Sala de lo Constitucional no sea una caja de resonancia del Ejecutivo. Ante cualquier resolución que vaya en contra de su agenda de gobierno, la reacción inmediata es un ataque mediático visceral, pagado con los impuestos que supuestamente no alcanzan. Es obvio por sus opiniones, que el Estado de Derecho que anhelan, es aquel que se ajuste como saco a la medida de su visión de país. 

Por otra parte, vemos un partido ARENA quejarse del matrimonio GANA-FMLN, donde como desafortunado resultado, queda siempre anulado más de un 45% de la población representada por el partido de derecha. Ahora bien, el actual partido de gobierno, solo le devuelve el favor a los tricolores, que en su momento usaron al PCN para anular de la aritmética legislativa al partido de izquierda, y así poder gobernar sin consensuar. Es decir, fue ARENA quien diseñó el mecanismo del cual ahora se quejan, pero que tampoco proponen cambiar, para poderlo usar cuando les toque estar de regreso en la silla. 

Luego nos encontramos con simpatizantes de ambos institutos políticos, dispuestos a defender lo indefendible, bajo el argumento de que siempre ha sido así, casi reclamando el turno de los suyos. Se olvidan por un lado los seguidores del FMLN, que les vendieron la idea de cambio, votaron por un partido que juró acabar con los casos de corrupción de gobiernos anteriores y veamos ahora el resultado. Exdiputados que entraron a la Asamblea asalariados, para salir millonarios, que obviamente son defendidos por su cúpula, porque ahora son gobierno y no oposición. De su cúpula ya sabemos qué esperar, por eso pregunto, ¿dónde están todos esos manifestantes encapuchados y sin capucha que marchaban en tiempos de ARENA contra la corrupción? ¿No les molesta El Chaparral, la INE, Polisteque, los terrenos del exdiputado y otros casos similares? 

Vemos con igual asombro, que simpatizantes de derecha se quejen públicamente y en redes sociales del abandono de las escuelas. Con la mano en el corazón, ¿cuándo han estado bien atendidas? Si ARENA falló en algo, fue en no educar a dos generaciones enteras, que fueran ahora motor de la economía, y defensores de la República. No se vale achacar a este gobierno el desastre actual, cuando lo único que ha hecho, es darle continuidad al abandono del sistema educativo que ha sido la regla desde siempre. 

Nuestro país puede salir adelante, pero antes, como población debemos abandonar la visión partidaria, y poner adelante a El Salvador. Como electores, es necesario que evaluemos estrictamente a nuestros gobernantes, especialmente a los que les dimos el voto. No podemos seguir justificando burócratas corruptos, que viven de vender ideología, cuando se les contrato para solucionar los múltiples problemas que aquejan a nuestra patria. Si deseamos ver un cambio positivo, debemos abrazar el pragmatismo propio de los países desarrollados, abandonando los análisis viciados de conveniencia, para enfrentar juntos como sociedad a los malos políticos, sean del partido que sean.

*Colaborador de El Diario de Hoy.