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Demasiadas "Malalas"

"Cuando vemos la oscuridad nos damos cuenta de la importancia de la luz. Reconocemos la importancia de nuestra voz cuando somos silenciados. De esa manera fue como en Swat, al norte de Pakistán, supimos la importancia que tienen los lápices y los libros, cuando aparecieron las armas".

Habla Malala Yousafzai, una pakistaní de dieciséis años. Se dirige a la Asamblea de las Naciones Unidas, con ocasión de la inauguración del "Día de Malala" como parte de los esfuerzos de la ONU para defender el derecho de las niñas del mundo a recibir educación.

El 9 de octubre de 2012, Malala fue atacada por un extremista talibán en el autobús escolar en el que retornaba a su casa. Le disparó en la cabeza, por el simple hecho de asistir a una escuela pública. Sobrevivió, y nueve meses después pudo dirigirse al pleno de las Naciones Unidas.

"El Día de Malala no es mi día. Hoy es el día de cada mujer, de cada niño, de cada niña, que han alzado su voz para hacer valer sus derechos (…) Miles de personas han sido asesinadas por terroristas, y millones han sido heridas. Yo soy, simplemente, una más. Hablo por los que luchan por sus derechos: a vivir en paz, ser tratados con dignidad, tener igualdad de oportunidades, a ser educados".

En una sociedad violenta, como en la que vivimos. En una sociedad en la que muchos niños y niñas son sustraídos de las aulas por la violencia de las pandillas, por la necesidad de trabajar y sostener a los suyos, por la carencia de una familia que esté pendiente de ellos y les apoye; en un país en el que muchos no aprenden en las aulas porque --simplemente-- no han comido, las palabras y consideraciones de Malala adquieren una dimensión distinta.

"Un niño, un maestro, un lápiz, un libro… pueden cambiar el mundo". Ya no se diga cambiar El Salvador. Pero es necesario que las autoridades gubernamentales sean responsables, y que los ciudadanos les demos nuestro voto pensando en el futuro, en la forma en que cada candidato proponga qué hará por mejorar las condiciones de la educación en el país.

Por eso se echa en falta saber qué se proponen hacer. Me parece que estamos hartos de que nos prometan mejorar la economía y la seguridad (sin decir cómo ni con qué), y que temas de fondo y de largo plazo sean simplemente omitidos en los discursos y propaganda.

Los talibanes se oponen a la educación de las chicas en Pakistán. Aquí los estudiantes tienen también sus "talibanes": inseguridad, escasez de recursos, infraestructura escolar inhumana, irresponsabilidad por parte de maestros que se comportan como pésimos empleados públicos. Los uniformes, el vaso de leche, están muy bien. Pero es posible hacer más. ¿Cómo invertir nuestros escasos recursos de manera eficiente para potenciar la educación?

A las puertas de elecciones presidenciales, y después de casi un año de campaña adelantada, deberíamos saber qué propone hacer cada uno de los candidatos en el delicado e importantísimo tema de la educación. Sólo con información el voto puede ser ponderado, y dejar de depender de simpatías o antipatías, o planteamientos ideológicos simplistas y monocromáticos…

Ojalá las palabras de Malala hicieran eco en todos nosotros, principalmente cuando nos interpela y nos dice que "no podemos olvidar que millones de personas en el mundo sufren la pobreza, la injusticia y la ignorancia. Que millones de niños quedan fuera de las escuelas [o atienden clases, pero son de tan pobre calidad, que es como si no asistieran]. Que nuestros hermanos y hermanas están esperando por un futuro lleno de paz".

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org