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El delirio del presidente

El presidente sufre de un delirio y los salvadoreños sufren de su presidente. Quizá el delirio surge para desviar la atención, quizá ya estaba cansado de enfrentar el escrutinio público sobre la política del gobierno ante la violencia en los últimos años, quizá cayó en la cuenta de que culpabilizar a los medios era aún más cansado. Ese delirio, en el verbo del señor presidente, reza así: "No es posible que cuatro personas se pongan encima de la Constitución y de la voluntad del pueblo salvadoreño". Lo dijo frente a miles de trabajadores en referencia a los magistrados de la Sala de lo Constitucional. ¿Cuál es el pecado de estos señores?

Hay pecados más recientes y pecados menos recientes. El más reciente es el de haber evitado que 24 diputados tomaran posesión debido a la negligencia manifiesta del Tribunal Supremo Electoral en recontar los votos. Pero al señor presidente no le importa que cientos de actas muestren inconsistencias insalvables y que se haya burlado la voluntad de los electores. Tampoco le importa al grupo del presidente, aquellos diputados que se atreven a descalificar una resolución judicial porque alegan que los magistrados han violentado sus derechos políticos de ser elegidos (como si se enorgullecieran de esas actas erróneas que los colocaron como ganadores) en ignorancia total –y consciente– de que los magistrados firmaron esa sentencia precisamente para respetar la verdadera voluntad popular y respetar los derechos de los candidatos que probablemente han resultado electos pero cuya victoria no ha sido reconocida.

Los pecados menos recientes de estos magistrados podrían explicar mejor el delirio del presidente:

Estos son los mismos magistrados que firmaron para que ya no se trasladaran fondos entre carteras del gobierno sin aprobación legislativa, la llamada "partida secreta".

Estos son los mismos magistrados que firmaron para que el acceso a la información pública fuera reconocido como un derecho constitucional.

Estos son los mismos magistrados que firmaron para que las personas que deben vigilar el uso del dinero público no sean las mismas que reciben órdenes en una estructura de partido político donde mandan los que administran dicho dinero.

Estos son los mismos magistrados que tienen una mora importante en casos muy delicados, pero que en comparación con las otras salas de la Corte Suprema de Justicia –que gozan del beneplácito del gobernante y su grupo– continúa siendo una mora diametralmente menor. Estos son los mismos magistrados que, con sus virtudes y sus defectos, han reconocido el poder del ciudadano muchísimo más que la generalidad de exdiputados y expresidentes salvadoreños, quienes se creen genuinos reyes y reniegan ante el control de los jueces que es propio de cualquier república.

Usted, señor presidente, tiene el delirio de estar por encima de la verdad. Tenga la bondad y la honestidad intelectual de exigirle verdad a su conciencia y a las de su grupo. Por ejemplo, así como exigió la verdad de los cheques del expresidente Flores, exija verdad con el gasto gubernamental en propaganda y su conexión con las utilidades radiales del expresidente Saca o con las contrataciones del expresidente Funes, además de la donación que este último declaró como préstamo para no pagar impuestos o del arrendamiento de su suntuosa residencia a un colaborador de su campaña y proveedor millonario del Estado. De igual forma, así como exigió la verdad en las elecciones de la década de 1970, exija la verdad en las pasadas elecciones en San Salvador; o bien, así como demandó la verdad de gobiernos extranjeros sobre las violaciones a los derechos humanos en El Salvador, cuente usted la verdad sobre las violaciones en Venezuela y no venda su silencio, y el de su grupo, a cambio de varios millones de petrodólares. Porque su delirio, señor presidente, parece ser una cortina de humo para desviar la atención de la verdad.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

@guillermo_mc_