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Dejamos una institución con finanzas estables para trabajar por San Salvador

Una de las preguntas frecuentes a la próxima administración es sobre las finanzas de la municipalidad. Se cuestiona sobre si la Alcaldía Municipal está quebrada, las deudas a proveedores, la caída en la recaudación y por supuesto, las tasas que se cobran por los servicios que presta.

Entiendo esta pregunta a partir de la experiencia de 2009, cuando a la administración entrante --que en ese entonces era la nuestra-- le presentaron un panorama alentador, financieramente hablando; sin embargo, la realidad fue otra.

Recuerdo que en los primeros meses, liderazgos de comunidades se hicieron presentes a la institución a demandar la ejecución de proyectos que se les había prometido, algunos habían seguido el proceso del presupuesto participativo; pero, no había fondos para su ejecución porque el dinero fue utilizado para el gasto corriente de la institución. Todo eso se reportó en su momento a la Corte de Cuentas, pero no hubo ninguna acción en ese sentido.

A eso, debemos sumar la hipoteca de más de 10 inmuebles municipales como el Teatro Roque Dalton y el Parque Centenario; una deuda pública que rondaba los $32.7 millones, así como un déficit que rondaba los$ 4.5 millones, en definitiva era un escenario complicado el que se nos presentaba.

Para superar la crisis, junto al equipo financiero de la institución, definimos líneas de acción para trabajar, una de ellas y quizá la más importante fue la realización del censo catastral. El corazón financiero de las municipalidades está en su Catastro y hacia esa área enfocamos nuestros recursos.

Eso nos permitió descubrir los usos reales de suelo en el municipio; se encontró inmuebles catalogados como predios baldíos y que en la realidad eran pequeños centros comerciales; casas en las que se tasaba como residencia pero que eran usadas para albergar algún negocio; además se incorporó todos aquellos inmuebles que habían modificado su área tasable a través de la construcción de segundos niveles, y, lo más importante, el censo permitió la apertura de nuevas cuentas.

Se hizo además un estudio sobre las tasas que se cobraban en ese entonces y se descubrió que las que se incluían en el recibo de energía eléctrica --alumbrado público, recolección y disposición final de desechos, mantenimiento de parques y plazas-- eran insuficientes para sostener la prestación de los servicios.

Como institución también se tomó la decisión de titularizar para obtener fondos frescos. Fuimos la primera Alcaldía de Centroamérica y República Dominicana en hacer uso de esta herramienta, y de la primera titularización se canceló a los bancos, se recuperaron los inmuebles municipales y se pudo financiar el Parque del Bicentenario así, como la construcción de la bóveda sobre el Bulevar Arturo Castellanos.

De la segunda titularización, los fondos quedan en la institución y son los que están destinados a construir la bóveda a un costado del Mercado San Miguelito y el Mercado San Vicente de Paúl.

En 2014, hubo un nuevo ajuste, esta vez el recibo de energía eléctrica se vio afectado en un solo rubro, el de alumbrado público y esto por la razón de que la municipalidad invierte en el mantenimiento del sistema $6 millones de dólares al año, pero en concepto de tasas apenas se recolectaba $4 millones. Eso representaba un déficit para la municipalidad de $2 millones de dólares que ponía en riesgo la prestación de servicios por los que no se cobra una tasa, como el uso de los centros de convivencia o las labores de bacheo en la ciudad.

Asimismo, se ajustó el tema de las licencias de funcionamiento, entre las que se incluyó otras actividades que la anterior Ordenanza Reguladora de las Tasas por Servicios Municipales de la Ciudad de San Salvador no contemplaba, como los bingos.

Todos estos esfuerzos fueron acompañados con la introducción de un nuevo sistema de gestión tributaria que, al entrar en funcionamiento, encontró cuentas que presentaban mora con la institución y que con el anterior sistema, que era fácilmente manipulable, no se habían detectado.

Este esfuerzo integral por hacer una institución sostenible, para servir de la mejor manera a los capitalinos, nos ha permitido a lo largo de los años mejorar la recaudación y quiero compartir algunos datos: En el período 2004-2008, los ingresos rondaron en promedio $39.3 millones al año. En 2009, cuando asumimos, se recolectó $41.1 millones; el año pasado la recaudación por tributos subió a $59 millones.

La próxima administración puede estar tranquila, la Alcaldía de San Salvador no queda quebrada, y según los informes de nuestra Administración de Finanzas hay proyecciones para dejar en la institución unos 15 millones de dólares, incluyendo titularización, fondos BID y FODES.

A esto debemos sumar la recuperación de la Terminal de Oriente, luego de un largo proceso, en el que únicamente se está a la espera de que un juez determine fecha para ejecutar el desalojo y el monto de los cánones a pagar por la sociedad que administra el inmueble. De la misma forma, esperamos que llegue a feliz término el caso que se ventila en los tribunales por el rastro; otro inmueble, que al igual que la Terminal de Oriente quienes lo usufrutúan nunca han cancelado los cánones de arrendamiento.

Este es un esfuerzo integral, responsable por hacer de la Alcaldía una institución con la capacidad necesaria para trabajar en beneficio de los capitalinos. La situación financiera que se deja es muy distinta a la que recibimos hace seis años, producto de nuestro compromiso con la transparencia y mantenernos fieles al ideal de servicio que debe prevalecer en la comuna más importante del país.

*Alcalde de San Salvador.