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En defensa de las libertades y en contra de la intolerancia

Un resumen a vuelo de pájaro de lo ocurrido esta semana en Francia:

Uno, el miércoles 7 de enero dos hombres armados irrumpieron en el semanario satírico "Charlie Hebdo" y asesinaron a once de sus periodistas que estaban en su reunión editorial de primera hora; entre los muertos está el director de esta polémica revista, Stéphane Charbonnier, conocido como Carb. Luego, en la calle, asesinaron a un policía.

Dos, la motivación, los fundamentalistas realizan un acto de venganza en nombre de Mahoma, mientras descargaban su ira, y las balas de fusiles Kalásnikov, los trogloditas gritaban "Alahu akbar" (Alá es Grande).

Tres, el Estado francés y su gobierno de inmediato se lanzan en persecución de los asesinos. Un par de horas después del crimen, los agresores son identificados, los hermanos Chérif y Said Kouachi y sus cómplices, e inicia la cacería, hasta que los sitian, dos días después y les dan muerte en diferentes enfrentamientos.

Y cuatro, la sociedad en general levanta su voz de protesta; la población sale a la calle indignada, mientras que las distintas organizaciones se manifiestan en contra de estos atentados que tocan una de las fibras esenciales de Francia, la defensa de la libertad, la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la libertad de expresarse en una sociedad profundamente democrática.

Precisamente, este es el punto que quiero poner sobre la mesa de discusión, y lo pongo de esta manera: la defensa de la libertad de expresión no tiene fronteras, se defiende con todo y contra todos los poderes totalitarios o impositivos de muy variado color y sabor, de derecha o izquierda, y que se "pone la cara", incluso con la llamada prensa satírica, sí, la prensa que tiene por objetivo, más que informar, criticar o hacer denuncias indirectas a través del uso del lenguaje, sea este escrito o visual como lo es la caricatura. Y lo digo, porque "Charlie Hebdo" es una publicación satírica, con muchas caricaturas, ofensivas para algunos, profundamente críticas para otros, incluso irreverentes, que de manera mordaz, irónica, cruel, corrosiva y con mala intención incluso, pone el dedo sobre la llaga de los poderosos y del poder, sin importar que estos sean funcionarios de primera línea, jerarcas eclesiásticos o políticos de todos los colores y sabores. Y es que Francia, la cuna de la Ilustración, la cuna del Enciclopedismo, la cuna de los valores "libertad, igualdad y fraternidad", tiene una tradición muy larga de la prensa y, en general, del talante satírico e irónico.

Quién puede olvidar, como lo dice el escritor César Fuentes Rodríguez, a Voltaire, Francois Marie Arouet, quien en 1694, con la lengua y la pluma se burlaba de los poderes de la época: "Voltaire no sólo era incansable, también era genial, elocuente, racional y sus palabras cortaban con filo quirúrgico, se hundían en el blanco con voracidad destructiva y difundían en sus enemigos ese elixir paralizante que sólo la honestidad intelectual es capaz de destilar. Durante décadas lanzó sus dardos contra la Bestia Triunfante de la religión organizada, despedazó los absurdos de La Biblia, ridiculizó a curas, presbíteros, obispos, papas y nobles parásitos con sátiras, epigramas, obras de teatro, tratados filosóficos, y el debate campal por todo lo alto".

Puedo estar en desacuerdo, incluso en contra de él por lo irrespetuoso e irreverente que pueda ser Voltaire (a quien leí en mis tiempos de estudiante, además de adentrarme en algunos de sus detractores, sobre todo los intelectuales cristianos de la época que le dieron férrea batalla) o lo publicado por "Charlie Hebdo", esta revista de izquierda por momentos en la frontera del anarquismo o cualquier otro extremismo intelectual, que fue prohibida, detenida su circulación, castigada económicamente y asediada por distintos tribunales de justicia que, con frecuencia, era puesta en el banquillo de los acusados.

En aras de la tradición más profunda del término libertad, esta publicación al igual que Voltaire, en su tiempo, cuando son atacadas y se trata de exterminarlas, deben ser defendidas... esto es por principio.

El ataque de los fundamentalistas contra "Charlie Hebdo", no sólo es un atentado contra la vida y una forma de intolerancia, sino también una barbarie contra las libertades, contra la libertad de expresión, contra la libertad de pensamiento, que son los pilares de la democracia. Una cita que movía esta revista: "Hay provocación como lo hacemos semana tras semana, pero no más contra el Islam que con otros temas".

* Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com