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En defensa del expresidente

De alguna manera hay que callar el silencio ensordecedor, pues no hay teléfonos de prestigiosas entidades internacionales llamándole sin parar para invitarle a recibir reconocimientos

Qué desagradable semana se ha vivido en las redes sociales salvadoreñas! La publicación amarillista de fotografías de las actividades del expresidente Funes que hiciera el medio digital El Blog desató una serie de reacciones y comentarios que pusieron en evidencia la falta de empatía y solidaridad de la población salvadoreña. 

Para ahorrarle un par de clics, las fotografías no hacen más que describir las actividades de un ciudadano salvadoreño con medios económicos, disfrutando cómodamente de su retiro en la vida nocturna de Miami, Florida, rodeado de amistades, humo de tabaco y licores. Desde la perspectiva jurídica, ninguna de las anteriores merece escrutinio, pues ningún artículo en el código penal tipifica ni la alegría ni el disfrute de la vida. Tremenda dictadura en la que nos encontraríamos si hasta las maneras de expresar el “joie de vivre “-- como le dirían los franceses – estuviera tipificado por las leyes. Mal hacen pues, quienes juzgan al pobre expresidente, quien merece una defensa.

Esta es una invitación a la empatía: se guardarían sus burlas y sus risas quienes lograran, por un momento, ponerse en los zapatos del anterior mandatario. ¿No estaría usted también recurriendo al alcohol para evitar, por lo menos por una noche, pensar en su mediocre paso por el servicio público? Que no ha de ser fácil dormir si el “branding” personal luego de cinco años al frente del órgano ejecutivo de un país está más conectado con viajes, favores, spas, que con logros en materia de políticas públicas. El presidente que ponía a  Barack Obama como su ejemplo a seguir, tuvo que dejar la presidencia sin un Obamacare que poner en el currículum: seríamos más comprensivos nosotros, simples ciudadanos, si tuviéramos a diario que lidiar con la memoria de fracasos abismales.

 ¡No, que hace falta más comprensión hacia el pobre hombre! Es absolutamente entendible que busque el ruido de un club nocturno. De alguna manera hay que callar el silencio ensordecedor, pues no hay teléfonos de prestigiosas entidades internacionales llamándole sin parar para invitarle a recibir reconocimientos. A diferencia de Felipe Calderón, su par mexicano, Harvard no lo está invitando a volverse catedrático, y bueno, ¡con algo habrá que llenar el tiempo! Lo único que las fotos demuestran es que cada quien ejerce el liderazgo como mejor puede. Algunos ex presidentes usan su prestigio para abrir caminos hacia el desarrollo, como Clinton con su fundación, ¿y qué si el expresidente Funes necesita del prestigio de Johnny Walker para caminar? ¡Cada quien como mejor puede!

Tampoco deberíamos juzgarlo por su reacción irascible ante el escrutinio público. ¿Cómo reaccionaría usted, después de haberse desacostumbrado a que lo auditaran? Después de cinco años tras el refugio de las informaciones reservadas, la falta de transparencia y las secretarías con funciones de cachiporrismo para limpiezas de reputación y nombre, cualquiera encontraría incomodísimo eso del escrutinio, por la puritita falta de costumbre.

Más bien, téngale lástima. No ha de ser sencillo, tener que lidiar con la imagen patética de quien gana un poco de dinero e inmediatamente se convierte en una estereotipada canción del grupo colombiano Los Bacilos. Aquella, la que dice “dejémoslo todo y vámonos para Mayami”.  Téngale paciencia y un poquito de caridad: ¿quién no buscaría ocupar la cabeza en amistades, licores y entretenimiento, para lidiar con el miedo? Miedo, sí: pues el Ministerio Público ya está dando atisbos de que el país ya está subiendo los estándares en lo que se espera del manejo de fondos por parte de un expresidente. Y quizás debería tenerlo: porque esta ciudadanía está despertando, y las preguntas sobre viajes, favores, spas y cambios abruptos en el patrimonio sin creación de valor que los justifique, no han sido resueltas. Y a cualquiera, con la responsabilidad de tener que contestarlas, le han de esperar muchas noches en vela. Que intente lidiar con ellas en Miami, el pobrecito, mientras puede, es más que entendible.
 

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría enPolíticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg