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Defender la vida

Con el año nuevo comenzamos en el país un período electoral más y siempre uno de los temas que sale en el debate es el del aborto. Es natural que personas quieran utilizar este tema para desacreditar. O estás en contra claramente o sos de los que condonan el asesinato. O dices ser pro-vida o sos de los que permiten que otros abusen de la vida de los más inocentes. Y así como el tema del aborto, también aparece la discusión acerca del matrimonio de los homosexuales y el uso de anticonceptivos.

Como miembros de la Iglesia conocemos su opinión. ¿Pero qué nos habrá querido decir el Papa Francisco cuando el año pasado nos dice que "no podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos"? Por supuesto que como hijos de la Iglesia intentamos todos los días hacer la diferencia en el marco de sus enseñanzas. Pero el Papa insiste: "Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes".

¿Cuál es nuestra principal misión en el mundo? Evangelizar. Compartir con todos que el Señor nos ama. Comunicar el anuncio que Jesús nos ha salvado. Y a veces parece que "la Iglesia se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos (Papa Francisco)". Por supuesto que estamos contra el aborto y que creemos que el matrimonio es tierra sagrada y que debe unir a un hombre con su mujer en un proyecto de vida. Lo que sucede es que a veces nuestra pasión espiritual muere con estas afirmaciones.

¿Mostramos acaso la misma pasión por la vida de todos aquellos niños que ya nacieron? Si vamos a defender la vida, tenemos un reto más grande que solo los indefensos por nacer. Por ejemplo en el año 2011 el Programa Mundial de Alimentos (PAM) de Naciones Unidas informaba que uno de cada cinco niños sufre de desnutrición. Como país estamos condenando a cerca de un 20 % de nuestra población a no lograr desarrollar toda la potencialidad de su persona por sus efectos en el desarrollo físico y posterior rendimiento escolar.

Sí es cierto que existen organizaciones que hacen un trabajo fenomenal en el tema de la desnutrición, pero como país no llega este debate a alcanzar la relevancia de los otros. ¿Por qué no preguntamos acusadoramente a los candidatos qué piensan que haya salvadoreños que pasen o que mueran de hambre? ¿Por qué no demandamos con la misma pasión que hagamos algo serio como país para que tal situación desaparezca? Ya no solo por un tema de justicia, sino que de simple humanidad.

Tenemos el riesgo de estigmatizar a los que promovamos este tipo de discusión, como lo hicieron con Helder Cámara quien decía: "cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista". El reto de la vida debe motivarnos a una reflexión integral sobre el nivel de desarrollo humano que como país hemos alcanzado. No hay más alternativa que tener un país de primera para todos.

Aprovecho esta celebración de Navidad para que todos podamos pedirle al Señor que nos ilumine en nuestra búsqueda de soluciones para los problemas de siempre. Como lo he compartido en otras ocasiones en el fondo de nuestros problemas parece que subyace nuestra propia falta de humanidad.

Dios nos dio libertad para elegir el tipo de vida que queramos vivir. Pero en medio de esa misma libertad está la opción de dedicarnos al servicio de los demás, de comenzar a ver en el niño hambriento a nuestro hijo, en la anciana con frío a nuestra madre. Aprendamos a ver en nuestro hermano sufriente al mismo Jesús y la Navidad habrá por fin llegado a nuestra casa y a nuestro país.

P.S. La entrevista completa al Papa Francisco la pueden leer en https://www.aciprensa.com/entrevistapapafrancisco.pdf.

* Colaborador de El Diario de Hoy.