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La declaración Franco Mexicana, Castañeda y “Amarres perros”

Las últimos cinco décadas han sido intensas, obscuras, contradictorias que llevaron a una serie de cambios profundos, rápidos en nuestra sociedad, entenderlos es una tarea por hacer y Castañeda con “Amarres perros” lo brinda

A finales del año pasado viajé a México por  razones de trabajo, fue allí donde me encontré con el libro titulado, “Amarres perros”, la autobiografía de Jorge Castañeda, un académico (profesor internacional), funcionario público (ex canciller de México), quien se atrevió, en México,  a competir por la presidencia como candidato independiente. Es autor de más de una decena de libros e incontables artículos de prensa y, por encima de ello, un político que desde muy joven entendió que la política se hace desde los poderes fácticos y ser de izquierda, que lo es, no se enmarca en las estrategias de los viejos partidos comunistas y en los dogmas del marxismo sino en la defensa de la libertad, de los derechos humanos. 

Leí con intensidad el libro, lo disfruté en grande y, sobre todo, me dio nuevos elementos de juicio para tratar de entender a la generación que nació en la Década de los Cincuenta, pocos años después de la debacle de la Segunda Guerra Mundial, se formó en la vorágine de los Setenta donde se mezcló con hechos como la guerra de Vietnam, la revolución cubana, las revueltas estudiantiles de Francia que despertaron cualquier tipo de utopías, sobre todo socialistas,  en las que se busca “la sociedad perfecta, sin olvidar  las liberalidades resumidas en la llamada “subcultura hippie”. Y en  El Salvador, todas esas ideas de la época que pululaban con un dinamismo, con una dulzura esperanzadora que sedujo a una juventud que buscaba “lo mejor”, se desata un conflicto bélico de gran magnitud, una guerra sangrienta, que tocó raíces profundas y  que finalizó con los acuerdos de paz,  en 1992.

El libro de Castañeda es eso, la lectura de los últimos cincuenta años de América Latina, vistos a través del lente personal de su autor, involucrado en muchos vericuetos propios de esta atolondrada época; el texto,  a pesar de que no lo quiere ser,  es lineal, como lo suele ser la mayoría de autobiografías;  es roto por el constante uso de los recursos del salto hacia “adelante”, del “ahora” y del “atrás”,  para luego sacar una “enseñanza”, como  dirían los clásicos pero que en el caso de este mexicano liberal describe el proceso: “conforme avanzo en el tiempo, se van espaciando los “fast forward y rewind”, y la continuidad común y corriente se comienza a imponer”.

Dicho en pocas palabras, el libro hay que leerlo sí queremos tener una idea más de cómo interpretar los sucedido en las últimas décadas, un elemento que nos puede ayudar a entender, por ejemplo, la Declaración Franco-Mexicana, el “primer” respaldo internacional al FMLN que lo reconocía como fuerza beligerante. 

El padre de Castañeda, quien era el canciller mexicano de la época, avaló esta iniciativa que a todas luces era, si no intervencionista sí injerencista, pero con un raciocinio que hace ver las cuestiones de otra manera y que hace suya el autor de “Amarres perros”, a saber:  “el meollo del pensamiento de mi padre fue siempre el mismo”, buscar una negociación entre el FMLN y el gobierno salvadoreño (se reunió en secreto con el canciller salvadoreño, Fidel Chávez Mena, en Cancún), y con ello fortalecer al máximo a la guerrilla y así equilibrar la correlación de fuerzas con el gobierno militar y disminuir la influencia de La Habana”.

Entre los “autores” intelectuales y materiales de la Declaración, firmada en agosto 1981, estuvo Castañeda, quien lo cuenta en su libro con pelos y señales; el asesor presidencial y exguerrillero francés, Regis Debray. Carlos Castañeda y Salvador Samayoa participaron en la elaboración de este documento, creando consenso entre los cancilleres Claude Charsson y Casteñada padre y rubricado por los presidentes Francois Mitterrand y José López Portillo.

Este hecho se cuenta en cinco páginas, pero el libro de Castañeda tiene más de 650 páginas donde se narran otros muchos incidentes como su encuentro con el marxismo althusseriano y su formación en Francia y Estados Unidos, su relación amorosa con los sandinistas, el quiebre con los comunistas mexicanos (todo por no llegar a la cúpula, pecado mortal para el viejo partido), su relación de amor y odio con Cuba y los hermanos Castro, su pleito con Gabo, sí Gabriel García Márquez, su fallido apoyo y luego promotor del TLC con Estados Unidos, su paso por la cancillería, ser candidato independiente a la presidencia… en fin, sugiero, vale la pena leer este libro, no porque diga toda la verdad de los hechos, es más, por momentos nos aleja de ella, sino porque se trata del testimonio de un actor que, como tal, tiene sus sentimientos, su pensamiento, su objetivo que cumplir.  
 


*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com