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Decisiones informadas

El otro día escuché a una joven decir que en las elecciones ella escogía a los candidatos a quienes daba su voto "por el físico". Curioso comentario, como si la cosa se tratara de elegir modelos o participantes de concursos de belleza. Al principio me hizo gracia la simpleza de la muchacha pero, después de analizar más detenidamente lo que dijo, no pude menos de sentir cierta preocupación. Porque es una muestra de los pocos elementos de juicio que se tienen en cuenta para tomar decisiones transcendentales para el país.

Estoy seguro que muchas personas creen que piensan mejor que esta muchacha y que sus decisiones están mejor razonadas, pero no son pocos los que actúan como ella. Realmente a los candidatos se les exige muy poco y se les da el voto aunque no se sepa prácticamente nada de ellos. Se es conformista al extremo de aceptar promesas generales, discursos ambiguos y regalos que pueden servir pero que no significan nada. Como que la costumbre de intercambiar oro por espejitos no ha desaparecido del todo.

Se vota sin conocer realmente por quién se ha votado. Y claro, después viene la desilusión. Se le echa la culpa al candidato, se le ve con desdén, pero la culpa es del elector porque no hizo la tarea de informarse mejor y dejarse llevar por el impulso. Al final tienen representantes que no los representan, que hacen lo que quieren porque después de todo sólo dijeron cosas vagas y no se comprometieron.

Debemos conocer mejor a quienes les damos nuestra confianza porque no es poco lo que les confiamos. Nada más ni nada menos que nuestro futuro y el de nuestro querido país.

Obviamente no es que se tenga que andar detrás de los candidatos para tratar de conocerlos mejor. Afortunadamente la cosa es más sencilla. Debemos pedir debates y respuestas claras a interrogatorios concretos. Los debates son importantes porque delinean mejor las ideas y el carácter de las personas. En un debate los candidatos se ven enfrentados y pasan de un estado de defensa al de réplica. Al ser así conocemos mejor cuan firmes son sus convicciones y cuál es la base con que las defienden. También nos fijamos en su control emocional, sus conocimientos y su nivel de educación.

Tenemos el derecho de pedir a los candidatos que nos respondan con claridad a temas importantes. Y también queremos conocer algo sobre sus vidas personales. No es por simple curiosidad sino porque sabemos que las trayectorias, los logros y los detalles de su personalidad nos dicen más que las promesas.

En los países con más tradición y cultura política los candidatos saben que tendrán que debatir y contestar puntualmente todo tipo de preguntas, incluso las incómodas. No pueden eludir el debate o salirse por la tangente en los interrogatorios. Los electores son muy exigentes y descartan a los que no están dispuestos a exponerse.

Ahora que podemos elegir por rostro y de forma cruzada tenemos la oportunidad de escoger con más libertad, a los mejores, a los que puedan convencernos.

En lo particular estaré pendiente de los debates, de las entrevistas (ojalá que los entrevistadores me ayuden con preguntas clave), para tomar una decisión informada. No me impactan la publicidad ni los retratos retocados. A mí las grandes y costosas campañas sólo me hacen pensar en las escuelas que se pudieron haber reconstruido con ese dinero.

* Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.