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Decálogo y antidecálogo

La religión judía y todas las confesiones cristianas se rigen en sus normas morales por el Decálogo de Moisés. La cultura de la muerte se esfuerza con una política y propaganda millonaria por destruir la civilización cristiana. Dobla voluntades de gobiernos y de personas con peso en la opinión pública, con un verdadero chantaje: si quieres que te ayude en esto tienes que admitir esto otro. Si quieres acceder a este puesto importante, tienes que admitir estas consignas, etc. Aunque no lo formula expresamente puede verse que mantiene un verdadero anti-decálogo.

El primer mandamiento de la ley de Dios dice: Amarás a Dios sobre todas las cosas. El antidecálogo dice: No existe Dios.

El segunda mandamiento dice: no tomarás el nombre de Dios en vano. El antidecálogo dice: los que creen en Dios y practican alguna religión son gente conflictiva, enemigos de la democracia y del progreso.

El tercero del decálogo dice: Santificarás las fiestas. Para el antidecálogo las fiestas religiosas no tienen valor civil y procura por medio del CEDAW y otros de sus instrumentos internacionales suprimir todas las que se puedan. Va sustituyéndolas por el día de la Madre Tierra, del Orgullo Gay, de la Equidad de Género, de los Derechos Humanos de los animales, del Cambio Climático, etc.

El cuarto pide honrar a tu padre y a tu madre. Para el antidecálogo puede no haber padre (por fecundación in vitro de semen donado anónimamente), pueden ser sustituidos el papá y la mamá por progenitor A y progenitor B (que pueden ser dos hombres, dos mujeres, transexuales o cualquier otra aberración).

El quinto mandamiento dice escuetamente: no matarás. El del antidecálogo invita a matar si eres revolucionario marxista para implantar la "democracia popular" (mejor llamada dictadura del proletariado). Permite matar, y con remuneración, si eres doctor de una clínica de abortos legal. También fomenta la eliminación de seres humanos embrionarios por medio de fármacos o dispositivos intrauterinos que impidan la anidación del embrión, siempre que se vendan bajo el título falso de "anticonceptivos".

El sexto del decálogo prohíbe el adulterio, la fornicación y los actos impuros. Para el antidecálogo hay derecho a todo eso; es expresión muy positiva de libertad sexual. Además, a través de la "educación sexual" y de la "salud sexual y reproductiva" se fomenta ejercitarse en esos derechos, desde el momento en que empiece a despertarse en los niños el instinto sexual.

El séptimo dice: no robarás. El antidecálogo sobre esto es muy flexible y liberal. Puedes robar si eres presidente de la República, senador, diputado, ministro o gran empresario, siempre que lo hagas con astucia y con la cooperación política y/o jurídica adecuada. Si eres un pobre de solemnidad, puedes pudrirte en la cárcel por años, sin juicio, por robarte una gallina.

El octavo dice: no darás falso testimonio ni mentirás. El antidecálogo dice que puedes hacerlo si eres funcionario de la cultura de la muerte o lo permite "el pensamiento políticamente correcto".

El noveno prohíbe desear la mujer de tu prójimo y consentir pensamientos o deseos impuros. El antidecálogo, coherente con sus anteriores mandatos, ignora qué es eso de pensamientos o deseos impuros. En cuanto al adulterio lo que pide es que puede hacerse pero que no se entere el cornudo respectivo, por lo que pudiera pasarte.

El décimo dice: no codiciarás los bienes ajenos. El antidecálogo se ríe de todo lo que quede sólo en el interior de la conciencia, porque allí el único ajeno que podría verlo sería Dios, y creer en la existencia de Dios es algo superado por la modernidad.

El decálogo tiene su comprobación experimental en la sentencia evangélica: Por los frutos los conoceréis. Los frutos del antidecálogo están a la vista: crisis económica mundial, crecimiento en estafas, destrucción matrimonial, violencia intrafamiliar y social, crímenes, delincuencia, pandillas, mafias, narcotráfico, drogadictos, genocidios (incluyendo el de los abortos), accidentes de tránsito, enfermedades de transmisión sexual, sida, homosexualidad, enfermedades psiquiátricas, suicidios.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com