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"El debate que sí fue…"

El candidato de ARENA propuso militarizar la seguridad pública en el evento de ASDER. Entre quienes viven asediados por la delincuencia, específicamente por las pandillas, la iniciativa habrá tenido una buena acogida. Sólo un segmento muy pequeño de la población estará preocupado por la constitucionalidad de la medida. El resto, representado por la mayor parte de la población, es muy probable que evalúe como aceptable, necesaria y urgente la propuesta del presidenciable. Al igual que la "mano dura" de la administración Flores y la "súper mano" dura de la gestión Saca, nos encontramos nuevamente frente a una manipulación electoral del grave problema de seguridad pública.

Por otra parte, el aspirante del principal partido de izquierda, Salvador Sánchez Cerén, reiteró la noche del "debate" su disposición para mantener y, si es posible, profundizar los programas de asistencialismo social. De la misma manera en la que los ciudadanos ignoran si la militarización de la seguridad es legal o no, quienes se benefician de los programas anunciados por el candidato del FMLN no reparan en la sostenibilidad financiera de esas apuestas. A la gente le da igual si se trata de populismo, de clientelismo político o de simples ideas electorales orientadas a mantener el poder.

La totalidad de las encuestas señala a la inseguridad y la economía como los principales problemas de los salvadoreños. La gente quiere un empleo, exige que se proteja la vida de sus seres queridos y un segmento importante clama por salir de la pobreza y de la exclusión en la que vive su familia. Al detectar esa realidad, desoladora y apesadumbrada, los equipos de campaña, respaldados por los candidatos, se han esforzado por hacer una maravillosa campaña llena de sueños pero muy alejada de la realidad.

Si gana la derecha, el gobernante se enfrentará a serios obstáculos para militarizar la seguridad y habrá fracasado antes de empezar su administración. Semejante situación tendrá que enfrentar el candidato del FMLN. Es muy difícil que el estado de las finanzas públicas le permita mantener todos los programas que ha ofrecido. Durante las dos horas de transmisión, la noche del pasado domingo, ninguno de los presidenciables, incluyendo al profesor, aclararon cómo financiarán sus ideas, en qué plazo y a través de cuáles mecanismos.

Teniendo ambos pretendientes iguales posibilidades de ganar la elección, deberían de ajustar sus compromisos y abstenerse de engañar a los electores. Michelle Bachelet, la presidenta electa de Chile, durante el debate que sí fue, ante la insistencia de su contrincante acerca del aumento de los salarios mínimos, señaló que debía ser "prudente y responsable", comprometiéndose a incrementar esos ingresos en 250,000 pesos a la mitad del período. Mientras tanto, Mathei, la candidata de derecha, aseguraba que subiría el salario mínimo a 300,000 pesos, "al tiro", expresión muy chilena que significa "de inmediato", refiriéndose a que no esperaría a cumplir dos años en su administración para dar ese regalo a los trabajadores.

Este es un buen ejemplo para quienes están cerca de llegar a casa presidencial. Si lo ignoran y la ansiedad en las últimas dos semanas antes de la elección, o durante las tres semanas de campaña antes de la segunda vuelta, los empuja a ofrecer "el cielo y la tierra", deberán encarar a una población harta de mentiras, frustrada por las promesas incumplidas y muy agitada porque el hambre no espera. Aunque sea muy difícil para los grandes estrategas electorales aceptarlo y en ocasiones tremendamente complicado para los candidatos expresarlo, la sinceridad y la verdad son muy bien valoradas por los electores. No conviene mentir y mucho menos en temas donde la expectativa ciudadana es muy alta.

Ninguno de los candidatos ha logrado transmitir las ideas contenidas en sus planes de gobierno. Esa actitud constituye un engaño porque dicen lo que no está escrito en esos documentos y guardan silencio de todas las propuestas incluidas por sus equipos en clara contradicción con los principios que caracterizan a una sociedad libre. Los "spots" en televisión y la campaña en prensa escrita apenas presentan un muy borroso planteamiento de su visión de país. Se trata sobre todo de "publicidad dosificada" para mover corazones. Lamentablemente esa es la vía para ganar votos cuando son muy pocos los que se preocupan por informarse y por cuestionar las ofertas electorales.

El debate que sí fue en Chile nos mostró a una candidata que, consciente de su inminente victoria, habló responsablemente y no mintió acerca de su idea de país. Aunque equivocada, porque promueve iniciativas "contra natura" y que amenazan la vida del "no nacido", fue sincera y los chilenos eligieron la opción que consideraron conveniente para su "bienestar". Por ahora, en nuestro caso, la transparencia en el discurso no ha sido el fuerte de los candidatos.

*Columnista de El Diario de Hoy.