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De la Cumbre y del péndulo

Una carta firmada por dieciocho ex presidentes de varios países latinoamericanos como de España, abogando por las libertades en Venezuela, ha sido dada a conocer durante la víspera de la Cumbre de jefes de Estado que se celebrará esta semana en Panamá. Tan en serio van los preparativos de dicha reunión, que ofrece ser mediáticamente relevante, que el presidente estadounidense Barack Obama pasará por Jamaica para reunirse previamente con los países caribeños agrupados en el Caricom, dependientes del petróleo venezolano.

Ofrece ser mediáticamente relevante esta Cumbre por la novedad del deshielo entre las relaciones Estados Unidos-Cuba tras 50 años en el congelador, por lo que los reflectores estarán prestos a cualquier encuentro formal o casual Barack Obama-Raúl Castro. En menor medida, por el generalizado deterioro de las condiciones de vida en Venezuela, también se prestará atención a lo que pueda surgir entre Obama y Maduro --advirtiendo que Maduro no es Chávez--. Más allá de la reunión de jefes de Estado en Panamá, el péndulo en Latinoamérica ha empezado a girar hacia cánones democráticos y un modelo económico funcional.

El desplome de los precios del petróleo y de los commodities; el retroceso en convivencia democrática dando lugar a una nueva forma de autoritarismo empaquetado bajo la extravagante figura de "Socialismo del Siglo XXI"; una desenfrenada corrupción tanto en la izquierda "carnívora" como en la "vegetariana", ha hecho inexorable que el péndulo haya iniciado su regreso. Momento oportuno para reconocer errores porque si bien hubo crecimiento económico en la región antes de que echara raíces la nueva aventura socialista, este no llegó como debería haberlo hecho hasta donde más necesidades padece la gente.

En términos de comunicación política no se tuvo capacidad de advertir que no hay almuerzo gratis en esta vida, que no es la lucha de clases la que saca adelante a las personas y a los países; por el contrario, todo se construye con el esfuerzo diario, con una visión adecuada para que predominen las libertades y la convivencia democrática, y existan políticas públicas acertadas. La diferencia entre uno y otro "modelo" estriba en que las naciones más prósperas del planeta tienen políticas de libre mercado que le dan sostenibilidad a la prosperidad; mientras que los agremiados al "Club Alba" salieron al tinglado dependiendo del boom de los precios del petróleo. Al desplomarse estos, adiós sostenibilidad.

Elección tras elección, Ecuador, Bolivia, El Salvador --para citar algunas de las últimas--, la acumulación de fuerzas, término tan empleado por las izquierdas latinoamericanas, no les favorece. Cristina Kichner va para afuera, Dilma Roussef, habiendo logrado su reelección por ajustado margen, se encuentra casi que atrapada sin salida en el gigantesco escándalo de corrupción de la estatal Petrobras. Hasta Michele Bachelet ve cómo se erosiona su popularidad tras el destape de casos de presunta corrupción en Chile. Uno de los pocos países que por décadas han venido haciendo bien su tarea en el hemisferio.

Si de progreso para nuestra gente se trata, esté quien esté en el gobierno, deberemos extirpar el cáncer que nos corroe: la corrupción.

Así llegamos a la Cumbre de jefes de Estado que tendrá lugar esta semana en Panamá. Creo que sería estratégico error que llegáramos como país a esa reunión en calidad de jefes de barra del Club Alba. Podríamos tener un manejo mucho más constructivo, más cuando los únicos dos proyectos que toman forma para el presente quinquenio, Fomilenio II y Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, vienen del norte y no del sur.

Ojalá no nos equivoquemos.

*Director Editorial

de EL DIARIO DE HOY.