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La cultura del "quién da más"

Desde hace algún tiempo me inquieta algo que he percibido; algo que aunque desde hace algunos años es una realidad en nuestro país, es mas evidente durante la época electoral: la compra de voluntades. Me da la impresión que durante las últimas décadas los salvadoreños hemos perdido muchísimo más de lo que alcanzamos a darnos cuenta. Hemos pasado de ser personas trabajadoras y respetuosas del bien, a ser unos pedigüeños que esperamos recibir de otros lo que no hemos ganado, sin importar que para ello vayamos en contra de los principios, sobre todo de la honradez, de la honestidad y de la responsabilidad.

Como todo cambio en la sociedad, seguramente esta nueva mentalidad ha sido ocasionada por diversos factores. Sin embargo, me atrevo a mencionar las remesas como una de las posibles y principales causas. El envío de dinero de forma regular a El Salvador provocó que familias enteras poco a poco dejaran de trabajar, pues sabían que cada mes recibirían los dólares que les enviaban sus "hermanos lejanos". Ese dinero que ganan con tanto trabajo quienes emigran a Estados Unidos, era derrochado por la mayoría de sus familiares en El Salvador, quienes lo usaban para darse un estilo de vida superior a sus propias posibilidades: comidas frecuentes en restaurantes, todo tipo de aparatos de entretenimiento, celulares último modelo, carros, etc.

Poco a poco, esto, combinado con otros factores, ha ido generando una nueva y equivocada cultura: "vivir a costa de lo que los demás me den", cuando lo natural en el hombre es trabajar. El trabajo no solo permite al hombre ganar su sustento, sino que lo dignifica, pues le vuelve capaz de ponerse él mismo, su tiempo, conocimiento y habilidades al servicio de los demás; es decir, realizar un aporte a la sociedad. Lo contrario tiene un efecto opuesto… al estar desocupado, la persona se llena de egoísmo, se siente vacía, sin sentido e incapaz, y se esconde tras todo tipo de vicios y adicciones.

Un país en el que los ciudadanos no encuentran trabajo, y donde se ha desarrollado esta forma de pensar y vivir, es el ambiente ideal para que surja una clase política que se aproveche de la situación, tal y como ha sucedido. Pues dando pequeñas dádivas en calidad de limosna, mantienen contentos a los votantes: una camiseta del partido, una canasta, $10, una merienda, un vale... Cualquier cosa que les den basta para comprar sus voluntades. Y en base a "quien da más", los salvadoreños emiten su voto. Una decisión que debería ser tomada en base a otros criterios más importantes; por ejemplo, considerando quién tiene la integridad, los conocimientos y la capacidad para gobernar y sacar al país de la situación critica en la que estamos. Las elecciones pasan de ser una fiesta cívica para convertirse en un mercado...

Lastimosamente, la historia ha comprobado que un sistema en el que el gobierno pretende ser Dios y proveer a los ciudadanos de lo que ellos mismos deberían ser capaces de ganar, a la larga genera más pobreza y deterioro en la sociedad. ¿Qué podemos hacer? Creo que cada salvadoreño puede empezar a pensar un poco más en los demás, y según su propia circunstancia, esforzarse por ser un buen ciudadano: el estudiante preparándose bien para ser en el futuro un buen profesional, el profesional trabajando con excelencia en actividades lícitas y contribuyendo con sus impuestos al bien de la sociedad, los padres de familia velando por el desarrollo de sus hijos no solo a nivel intelectual, sino también moral, espiritual y socio emocional, y así cada quien.

Frenemos el desarrollo de esta cultura del "¿quién da más?" y pongámonos a trabajar ahora para ofrecer mucho a nuestro país, sobre todo a los más necesitados, y seguramente habrá mucho para recibir cuando cada quien lo necesite. Ahora es cuando aplica lo que dijo el Presidente John F. Kennedy: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por él".

*Colaboradora de El Diario de Hoy.