Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

¡Cuidado con el Grinch!

La Navidad está ya por venir. Jesús nacerá entre nosotros en pocos días y nunca hace falta quien desee robarnos esa felicidad y ese sentimiento de hermandad. Ojalá los políticos decidieran abstenerse de campañas al menos por unos días para permitirnos celebrar estas navidades fuera del bullicio mediático. Al paso que vamos pronto tendremos que celebrar las Alba Navidades junto a todos los Albadoreños. (Gracias por el aporte, querido amigo).

Quedan apenas dos semanas para continuar en la espera. ¿Hay algo que ya se mueve en tu corazón y que te hace añorar un remanso de paz y plenitud? La celebración del nacimiento de Jesús se ha convertido en ocasión precisa para celebrar el amor. A veces nos distraemos por la superficialidad del sonido y de las luces, por el llamado al consumismo y por la comercialización de los sentimientos. A veces incluso llegamos a pensar que sin regalos no hay posibilidad de demostrar genuinamente el amor. ¡No nos confundamos!

Tengamos cuidado con el Grinch que desea robarnos el espíritu de la Navidad. ¡Estamos rodeados de tantos Grinch! En 1957 apareció por primera vez la historia "¿Cómo el Grinch se robó la Navidad?", escrita e ilustrada por el Dr. Seuss. El Grinch es una criatura peluda y verde, a quien su corazón se le ha endurecido por el resentimiento. Le duele tanto el amor y la felicidad de los otros que se viste de Santa Claus para ir al pueblo a robar todos los adornos, banquetes y regalos navideños. Su plan es hacer que desaparezca la Navidad.

El Grinch cambia cuando los habitantes del pueblo, a pesar de ya no contar ni con luces, ni con regalos, ni con ningún vestigio material de la Navidad, deciden continuar celebrando y entonan juntos cantos navideños para recordar que la Navidad es más que regalos, adornos y banquetes. Al Grinch finalmente le crece el corazón y no puede más que trasladar a los demás ese amor que le desborda. No cultivemos las actitudes mezquinas del Grinch, este personaje que se ha convertido en símbolo de quienes se oponen a estas celebraciones o de personas con mal carácter, irritables o codiciosas. Descubramos al nuevo Grinch, al que descubre la fuerza del amor. Saquemos nuestro ángel en esta celebración del nacimiento de Jesús, dando lo mejor de nosotros en estos días.

Al Grinch, quien es verde y se viste de rojo, sólo le falta una bandana naranja y una corbata azul para tener representados los colores de todos los partidos políticos, a los que pedimos que cambien el tono de campaña política a celebración navideña. Al menos por dos semanas olvídense que hay elecciones en febrero y marzo, y no nos hablen de sus contrincantes, ni de sus programas. Inviten a todos a reflexionar sobre el país que necesitamos construir, sobre la forma en la que resolveremos nuestras diferencias, sobre el tipo de liderazgo que se potencia en medio de opiniones encontradas. Dense un tiempo también Uds. para reflexionar y encontrar en el silencio de uno mismo las intuiciones fundamentales sobre su vida en el futuro. Todos necesitamos un poco este espacio personal de reflexión y de encuentro con el Señor. Todos, incluso los políticos.

Aprovechemos los pocos días que nos quedan para cultivar a ese nuevo Grinch dentro de nosotros, al que descubre que hay más felicidad en el perdón que en el rencor, al que termina reconciliado con sus vecinos, al que obliga a los demás a demostrar que la Navidad es más que regalos, adornos y banquetes, al que permite a todos redescubrir el verdadero sentido de la Navidad. Cultivemos, pues, a ese Grinch mientras el Señor llega.

*Columnista de El Diario de Hoy.