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Un cuento de Navidad para El Salvador

Nuestros gobernantes son los responsables de tomar las decisiones adecuadas para mejorar la situación del país en todos los campos. Les compete a ellos utilizar los recursos del Estado de forma eficaz, transparente y responsable.

El “Cuento de Navidad” de Charles Dickens nos muestra dos dimensiones paralelas: por un lado, la que refleja Scrooge como un hombre miserable y tacaño que pasa de largo las necesidades y sentimientos de sus semejantes, y, por otro lado, de un Scrooge renovado por la aceptación de sus errores, quien irradia generosidad y reconoce al fin el valor del ser humano. Es una historia que nos conmueve y nos enreda en la trama de fuerzas negativas imposibles de obviar, como son la codicia, el egoísmo y el desprecio a los demás, a la vez que nos muestra el camino a la honestidad, la solidaridad y las segundas oportunidades.

Esta es una época del año que nos puede envolver en el consumismo y hacernos olvidar que también puede ser un momento oportuno para la reflexión. Es así como comparto esta versión del cuento, en donde el Estado salvadoreño hace el papel del Scrooge y sus fantasmas son nuestra historia: el pasado reciente de la guerra civil; el presente de grandes desafíos sociales, económicos y ambientales, y el “espíritu de la Navidad” del futuro. Asimismo, hay otro fantasma, el antiguo socio de Scrooge, el primero que lo visita, quien le confiesa estar encadenado a los errores del pasado y quiere prevenir el mismo desenlace para su amigo.

Nuestro pasado reciente se abrevia en la culminación de una dolorosa guerra civil y en la firma de los acuerdos de paz, la cual generó expectativas de un nuevo camino hacia la consolidación de la democracia y el Estado de Derecho, la reactivación de la economía y la superación de la pobreza. Han transcurrido más de dos décadas y aún no logramos un crecimiento económico sostenible, ni una disminución significativa de las desigualdades y la pobreza, ni una ampliación de las oportunidades y el acceso a educación y la salud de calidad.

El debate del porqué de estos resultados mediocres y de cómo podemos superarlos es necesario. Hubo diseños de buenas políticas, pero con una débil cosecha de sus logros, como consecuencia de la falta de una visión estratégica a largo plazo. Para ello, la estabilidad macroeconómica y una política fiscal prudente son recomendaciones esenciales; esto hace necesario contar con una Ley de responsabilidad fiscal para asegurar sólidas finanzas públicas que favorezcan el desarrollo social. Este proyecto de Ley ha estado en manos de los legisladores desde el año pasado. Retomar y abrir su discusión se convierte en una tarea impostergable.

Nuestros gobernantes son los responsables de tomar las decisiones adecuadas para mejorar la situación del país en todos los campos. Les compete a ellos utilizar los recursos del Estado de forma eficaz, transparente y responsable. Por desgracia, esto no siempre es así. Un ejemplo de ello es la baja capacidad de ejecución de la inversión pública. En última instancia, la ineficacia se traduce en altos costos sociales y de desarrollo humano, porque obstaculiza el acceso y el ejercicio de los derechos fundamentales de nuestros conciudadanos. Esta es la dimensión negativa y egoísta de nuestro Scrooge estatal, exacerbada por la corrupción.

Reflexionemos y aprendamos de nuestras propias experiencias, tanto de las malas para no repetirlas, como de las buenas para retomarlas. A diferencia de la historia de Dickens, que se desarrolla en el siglo XIX, nosotros nos ubicamos en el siglo XXI, en la era de la globalización, el cambio y la información. Esto nos exige un Estado Moderno, una clase política honesta y visionaria, una sociedad civil participativa y crítica, y un sector empresarial competitivo y socialmente responsable. Valorar esto nos permitirá enfrentar nuestros grandes desafíos. La garantía del éxito radica en ser un país del que la mayoría de sus ciudadanos no se quieran escapar. El “Espíritu de Navidad” del futuro representa esta oportunidad.

*Columnista investigadora invitada, 
Universidad de Harvard. @cavalobs